sábado, 7 de enero de 2012

Defender la Palabra de Dios - Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 48-49-50


En Sueño Profético decían:

Es la postura de cristiano defender la Palabra de Dios. Aquí cuento yo un caso que pasó delante de mí:

Terminó un día el Maestro de hablarnos y prepararnos lo que teníamos que hablar al sitio que íbamos. Cuando terminó, ya que todos estábamos para partir, dijo:

–Si alguno no se encuentra dispuesto para repetir mis Palabras, que Yo os he dado para otros, no vaya hoy a predicar.

Esto fue, que el Maestro sabía que al sitio que íbamos, Matías tenía una grande amistad, y ya sabía el Maestro que Matías lo sentiría el tener que hablar así. Fue terminar el Maestro y contestar Matías:

–Maestro, perdóname, que sabiendo eres Dios, Te he ofendido por un segundo; he querido guardar tus Palabras por no enfadar a mi amigo.

Y se tapo la cara y enjugó sus lágrimas.

El Maestro contestó:

–Hoy tocaba esta clase, y a ti, Matías, te ha servido; ya estás enseñado para que tú puedas darla.

Todos partimos con silencio de Gloria y repique de campanas.

Desperté, oí:

¡Qué remate al arrobo!
¡Qué Palabras al Dictado!

¡Qué Discípulos de Dios,
con silencio y con campanas!

¡Qué Enseñanza recogían
cada vez que Dios les hablaba!

¡Les decía que era Dios,
tan sólo con sus Palabras!

¡Con decirles el pensamiento,
que antes por Él pasaba!

Dios tenía que decirles
que era Dios el que los mandaba.

Matías no sabía,
que el que le decía amigo,
cuentas con Dios no quería.

Los Discípulos llegaban,
y más bien esto servía
como una gran distracción
para hablar ya todo el día.

¡Es el Maestro el que manda!
¡Es el Maestro el que guía!
¡Es el Todopoderoso
el que de Hombre vivía!

¡Cómo tener distracción
con el que manda tu vida!

Dios los mandó con Palabras,
diciéndo: “Yo soy Dios”.

Y quería que Matías
las repitiera en su voz.


***