martes, 24 de enero de 2012

El Herrero Santo


En Sueño Profético contaban un hecho presenciado por el mismo que lo cuenta.

Dijo este espíritu de la Gloria de Dios:

Es corriente por el hombre decir que cree en Dios, pero no creer en nada que de Él venga. Son pocos los que creen que Dios se comunique al hombre. Son pocos los que cuando les cuentan lo que ha dicho el Comunicante, no sueltan una frase de insulto para el que Dios ha elegido, que este insulto es una blasfemia para Dios.

Dijo este mismo:

Yo, en el sitio que trabajaba, había uno que tenía un gran espíritu de sacrificio. Éste siempre estaba deseando serle útil a otro; no miraba si era merecida su ayuda o no. Pues este hombre, Dios se comunicó a él varias veces. Y de 10 que trabajábamos juntos, no podía hablar con ninguno. El que estaba encargado de repartir el trabajo, a él le daba lo más duro, le daba el trabajo que podía hacerle quedar mal, para después decirle: “¿Dónde está tu contacto con Dios?”, y ser la risa de todos. Este que mandaba era un hermano del dueño de la herrería, que ninguno de los dos creía en Dios. Aquí, en esta herrería, lo que más se hacían eran ventanas, y tenía el nombre de “La ventana de hierro”; esto lo tenía pintado en la fachada de la casa. Pues aquí viene el hecho milagroso que Dios quiso que el pueblo viera:

Hacía unos días que este herrero colocó unas ventanas, más bien chicas, en una cámara. A los pocos días hubo un fuego en la misma casa, habiendo 3 niños solos y el mayor de 9 años. El fuego empezó en la lumbre que había en la cocina, que estaba en la entrada de la casa; pasar el portalón, y ya estaba la lumbre; una habitación que dormían los padres y el chico, y los dos mayores en la cámara, al lado del poco grano y de los aparejos de los burros que tenían. Fue el mayor darse cuenta del fuego, y al intentar bajar, el humo no los dejaba. Se fue dando gritos a la ventana, y acudían, pero sin poderle socorrer, ya que la puerta estaba cerrada con tranca.

Dijo el chiquillo:

–¡Traed una escalera, que los hierros se rompen!

Y como si los hierros fueran de masa, se iban derritiendo, quedando la ventana como fundida.

Todo el pueblo acudió al Milagro. Cuando llegó la madre de su faena, le preguntó cómo poder romper la ventana, y el niño le dijo que cuando se asomó a la ventana, el humo y las llamas le decían:

–Pide una escalera, que la ventana lleva Divinidad de la manos que la pusieron, y se verá un prodigio.

Desperté, oí:

¿Quién podría haber pensado
que allí a Dios Lo verían?

Esta familia era buena,
y el herrero que era un Santo,
Dios quiere que el pueblo vea
que allí se haría el Milagro.

Todo el pueblo se volcó
en restaurarle la casa.

Con la grande diferencia
de que se quemó cochinera
y levantaron palacio.

Y al herrero lo buscaban
como Santo que aún vive
para todo remediarlo.

El dueño de la herrería
le pagaba y no le hacía trabajo.

Pero le tenía la calle
llena de gente
y por hierros preguntando.

Se llevaban pedacitos
de los que él había tocado.

¡Qué pronto aclara Dios
lo que el hombre tiene tapado!

Puede con fuego o con agua,
pero el hombre ve su mano.

Ya le dieron al herrero
adoración sin trabajo.


***

Libro 6 - Dios Manda En Su Gloria Que Enseñen - Tomo I - Pag. 169-170-171-172