miércoles, 25 de enero de 2012

Esta mujer ama y pregunta cómo aprender


En Sueño Profético hablaban los Discípulos del Maestro. Decían:

“Hay que aprender, si quieres enseñar”.

Dijo uno:

“Y tienes que amar, si quieres aprender”.

Bien decía el Maestro:

“El que mis Palabras aprenda sin amar mi Gloria, su enseñanza va ensuciando la mía. El Amor hace que aprendas y que enseñes a enseñar que se amen”.

Otro dijo:

Él nos hablaba de manera, que todos pensábamos: “¡No hay quien diga Palabras como las dice Él! Cada Palabra era una Enseñanza; cada Palabra contenía un Libro; daba en cada Palabra un Libro, un Libro que si el hombre lo labrara, saldrían muchos”.

Un día, nos paramos a beber en una fuente y llegó una mujer con un niño en brazos, y preguntando al Maestro dijo:

–Yo quisiera aprender tu Enseñanza, pero hay que tener tiempo. Tengo cuatro hijos: el mayor tiene diez años; y éste, el más pequeño, que tres meses aún no ha cumplido. ¡No puedo sacar el tiempo!

Se retiró el Maestro de la fuente y todos oímos esto:

–Yo te voy a enseñar, sin que a tu marido y a tus hijos les robes el tiempo:

Cuando estés amamantándolo,
tienes que coger un tiempo,
entonces llama a mi Padre,
y ya estás aprendiendo.

Cuando cambies el pañal,
que sucio lo ha puesto el cuerpo,
haz por pensar en el niño
que lo abandonó la madre
y lo limpian con desprecio,
y te acuerdas de mi Padre,
que te ve desde su Reino.

Y ya, cuando el niño empiece
a querer pisar la tierra,
¡Cuántos ratos hay perdidos
para que el niño aprenda!

Todo lo haces por él,
para enseñar la materia.


Desperté, oí:

Esta mujer ama y pregunta cómo aprender a vivir Vida que el Maestro iba enseñando.

Dios quiere enseñarla con el Amor que le pone al hijo.

Dios sabía que tiempo no tenía.

No tenía tiempo para seguir los Pasos del Maestro, pero sí tenía tiempo, mientras enseñaba a la materia, hacer Oración al Padre por el que estaba pecando, dejara el pecado.

Podía pedir a Dios Padre,
pensando en el Hijo,
que Todo era un mismo Dios.

Podía pedir por el hambriento,
mientras alimentaba al hijo.

Por el pecador,
mientras cambiaba el pañal.

Y por el tullido,
en el momento de enseñar
al niño sus piececitos,
para solo caminar.

Dios le hizo comprender
con su forma de enseñar.

Ella también comprendió,
porque no quiso engañar.

Al que tiempo no tenía,
ella lo enseñaba a amar.

La Oración puedes hacerla
en tu grande trabajar,
porque el espíritu manda
hacer trabajo mental.

El Amor es el que manda
a que a Dios quieras amar.


***

Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 64-65-66-67