jueves, 19 de enero de 2012

Este espíritu enseña lo que la Gloria le manda


En Sueño Profético hablaban en la Gloria de Dios. Hablaban de la fuerza del espíritu cuando está entregado a Dios, cuando un espíritu vive en contemplación a Dios; exponían razones que Aquí no me dictan; hablaban de hechos ocurridos a Comunicantes que persiguieron; hablaban de las escalas que hay en los Elegidos; hablaban de la inmensa Misericordia de Dios y de la exigencia del hombre; de la separación de la carne; de la fuerza que tiene el espíritu cuando actúa sin materia; de la Enseñanza que este espíritu trae a la materia; de la rapidez que en Gloria llenan a la inteligencia; de cómo preparan el espíritu para que suelte materia; de cómo espera la carne, una carne que esto es muerta, y cuando llega el espíritu, a sabiendas que está muerta, vuelve a darle la vida, una vida más completa; ya es vida para darla, de la vida que Aquí llenan.

Decían:

Estas explicaciones tienen que darlas en pequeñas cantidades. El espíritu sí aprende fácil, pero la materia es torpe para el empape, y mucho más torpeza para un segundo. El que es Aquí arrobao, fácil aprende la materia, cuando estos arrobos sean frecuentes y para Enseñanza. Este espíritu tiene reacciones, a veces bruscas, cuando se enfrenta con materia buena y espíritu malo; y cuando se enfrenta con materia sin lucimiento y buen espíritu, aquí tiene que dar Enseñanza.

Despierta, oí:

El conocer los espíritus,
el título es amar.

Pero tienes que venir
a esta Gloria Celestial.

Y Aquí, una vez que vienes,
es fácil el explicar.

Pero esta explicación,
la tiene Dios que explicar.

En esta Gloria, a veces,
verás y ya no verás.

En esta Gloria oirás,
y a nadie verás hablar.

Querrás contestar palabras
para afirmar tu razón,
cuando vuelvas del arrobo
llevando justificación.

Pero sólo hay espíritu,
que éste lleva un valor,
cuando cuente lo que nadie
en ningún libro leyó.

Si estas Clases, el espíritu
las guardara sin contarlas,
Dios Aquí hacía de Dios
para no poder callarlas.

Pero el espíritu enseña
lo que la Gloria le manda.


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Libro 2 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo II - Pag. 95-96-97