sábado, 11 de febrero de 2012

El Misterio de los Cielos


En Sueño Profético hablaban de los misterios de Dios; de la claridad de Dios, que para el hombre, a veces, es oscuridad.

Dijo uno:

Yo viví cerca de un Sabio y aprendí mucho de él. Éste decía que el Amor a Dios no le iba el investigar, que el investigar era para la duda; que donde había investigación, faltaba Amor; que el grande Amor no pregunta, por temor a la respuesta.

Éste daba unos consejos que quitaban las quimeras. Si eran hombres casados, les hablaba de manera que transformaba sus vidas.

Siempre tenía una palabra para quitarte la ira y que tú mismo dijeras: “esto no tiene importancia, la importancia la tendría si yo a Dios no Lo amara; esto sí que era sufrir, no lo que hoy me pasa”.

Decía, que el menos saber, era el que más sabía, porque admiraba el Saber, Saber de Sabiduría; que él había oído a hombres sin saber en la materia, y que eran grandes profesores en la vida espiritual; que decían palabras sin admitir respuestas; que estos hombres no investigaban por estar con rebose de Dios, y en este rebose ya va la Sabiduría; que estos hombres no sabían valorar las ciencias que tanto lucha el sabio por ellas, el sabio de ahí de la Tierra. Estos hombres hacían sus estudios con la propia naturaleza, esperaban la luz del día con la azada en la tierra, y cuando veían la noche daban corte a su faena, pero nunca investigaron por qué Dios deja las penas, por qué Dios tiene humildes y poderosos en la Tierra. Decía este sabio-sabio, que estos hombres vivían despegados de la materia, y que hasta los ofendían cuando alguien les decía: “siempre estas trabajando, y siempre entre la tierra”. Pronto miraban al Cielo, y pronto daban respuesta: “¿Qué nos podrá unir a Dios más que cavando la tierra, y teniendo este contacto con propia naturaleza?”.

Desperté, oí:

No es más sabio el que investiga
por libros hechos del hombre,
si esta investigación sirve para saber
lo que Dios te pone claro
y tú oscuro lo ves.

Bien dice el Sabio en la Gloria,
que de un Sabio aprendió,
que las cosas de este Reino
no tienen investigación.

Hay veces que el grande Amor
no deja que veas el mal
que el que no ama lo vio.

El Misterio de los Cielos
es un Misterio sin voz,
que lo entiende el que ama,
porque conoce su Voz.


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Libro 6 - Dios Manda En Su Gloria Que Enseñen - Tomo I - Pag. 10-11-12-13