lunes, 27 de febrero de 2012

Esto es perro ladrando a la Luna


En Sueño Profético hablaban de muchos que Dios habló en ellos, y también hablaban de los que Le pusieron la prohibición a la Palabra dicha de Dios y oída en el hombre. Éstos decían lo que Dios les mandaba que pronunciaran sus lenguas, y siempre actuaban con el Mando de Dios. A estos Profetas les vieron cosas raras: unas, en cobardía; y otras, con grande decisión; éste es el comentario que en boca del hombre se oía; pero el Profeta seguía el Mando y la Obediencia a la Voz de Dios, y a la Visión. ¿Cómo poder meter esto al que no creía la Existencia de Dios? ¿Y cómo se irá a callar y contentar, ante este Profeta, el fariseo? Ya inventaría calumnias; ya iría en busca de los hombres de la Tierra que ocupaban grandes cargos; ya harían su dictadura, amenazando al Instrumento de Dios, escribas y hombres de leyes, corregidores y gobernadores, reyes con grandes palacios y emperadores con batallones de hombres. Eran los que perseguían a los que Dios manda que hablen.

Dijo Catalina de Siena:

Esto es perro ladrando a la Luna.

¿Quién puede a Dios revocarle,
cuando Él le diga a uno:
“Ésta es mi Gloria.
Éste es mi Padre.
Yo paro las tempestades
y soy Dueño de los mares,
que tan sólo de mirarlos,
el agua puede acabarse”
?

Yo, Catalina de Siena,
no pude su Mando parar,
ni tener en silencio sus Palabras,
para donde iban mandadas.

Yo me enfrenté con el bueno,
que bueno decían que era;
le contesté al fariseo,
a tantas palabras necias
que quería desmentir
sin pensar que yo no era
la mujer que él veía,
que él veía
a Catalina de Siena.

Desperté, oí:

El que no amaba, oía
sin sentir Amor de Dios.

Sin saber que todo callas,
menos Palabras de Dios.

Palabras, no que tú lees,
Palabras que sólo Dios
las dice en el que coge.

Y éstos ya darán el son,
donde Dios quiere que suenen.

Unas veces verán cosas tibias,
y otras, reacciones fuertes.

Todo, menos el silencio,
aunque vayan a la muerte.

Porque mataron el traje
creyendo que daban muerte.

Aquí se descubre claro
que no creen que Dios vive,
y que pueden ser juzgados.

El que persiga al que diga:
“Dios me trae Aquí a su Gloria”,
no le va que luego diga:
“Señor, ten Misericordia”.

Porque en la llamada a Dios,
tienen momentos que llaman
cuando ya no oye Dios.


***

Libro 8 - Dios No Quiere, Permite - Tomo I - Pag. 57-58-59-60