martes, 7 de febrero de 2012

Hay quien sufre porque su bien lo maltrata


En Sueño Profético decían:

Hay quien sufre porque no sabe no sufrir. Hay quien sufre porque su bien lo maltrata. Y hay quien sufre porque va en contra de Dios.

Dijo uno:

Iba a mi casa una parienta, ya lejana, de mi madre, que te hablaba del sufrir, que lo entendía más que nadie. Nunca faltaba a mi casa por la mañana o por la tarde. El día que ya era tarde y veíamos que no llegaba, alguno salía al encuentro, y de su casa sacaban. Esta mujer, donde iba, siempre quedaba admirado todo el que la conocía. Era una mujer de una gran comprensión para todo el que le decía: “Esto no lo sufro yo”. Ella daba su respuesta: “No digas sufrir a nada de lo de la Tierra, cuando sepas que el sufrir no va a ser después de muerta”. Esta mujer, ya mayor, de una gran experiencia, había sufrido desde chica, no conoció a un familiar. El primero fue el marido, que con ella hacía bien mal, y seis hijos se fugaron por al padre no aguantar. Ella trabajó en el campo, segando, en la aceituna, y hasta guardando ganado. Pero siempre la veías contenta, y estas palabras decía: “¡Bueno, esto ya mismo ha "pasao"!. ¿Qué importancia tiene el sufrir que el hombre pone? ¡Esto ya mismo ha "pasao"! Yo lo llamo sufrimiento cuando Dios te ha "retirao". ¡Sufrir en este pasar, más cerca Dios a tu "lao"!

Desperté, oí:

Esta parienta lejana,
tan lejana y sin familia,
tenía un sufrir tan grande,
tan grande, que no sentía.

Había "pasao" de todo:
trabajo y sin comida.

Pero el sufrir mayor,
era que no la querían.

Ninguno de su familia,
a ella podía amar;
ninguno podía quererla,
porque ella no era igual.

Ella vivía para Dios,
y lo demás no importaba.

Ellos no querían a nadie,
porque a Dios no buscaban.

Si ellos buscan a Dios,
no se retiran de ella,
porque tenía resplandor.

Esta parienta lejana,
lo sufría "to" por Dios.

Cuando la oías contenta decir:
“Esto ya mismo ha pasao”,
entonces caías en la cuenta
de que tú estabas "equivocao".

No te merece el sufrir,
si te pones a pensar
que de ahí te tienes que ir.


***

Libro 9 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo I - Pag. 201-202-203