viernes, 3 de febrero de 2012

"OIRÁN PALABRAS QUE NO SERÁN DE LA MEDIDA DEL QUE LAS ESTÉ DICIENDO"


En Sueño Profético decían: “Hay quien ve un imposible el poder saber dónde Dios habla”.

Dijo uno de sus Discípulos:

Aquí refiero yo un hecho que ocurrió estando yo delante. Le preguntaron al Maestro dos mujeres:

–Quisiéramos saber cómo se conocerá al que Tú en él hables cuando a Ti ya no te estemos viendo. Sabemos que te vas a tu Reino, y que Palabras que no nos has dicho, luego las dirá el Espíritu de Dios Padre que hoy está en Dios Hijo, y Todo es un Mismo Dios.

Dijo el Maestro:

–El que te oiga hablar como ahora estás hablando, ya sabe no eres tú la que hablas. Esas Palabras son de mi Padre, para que sean dichas por Mí. Tú no puedes decir que esas Palabras las has oído en ninguna boca, una vez que mi Padre me las ha mandado para que sean dichas por Dios Hijo mañana en la montaña. Pero Yo he querido que tú seas la primera en saber lo que el Padre de Allí manda.

–¿A que tú te has extrañado cuando has oído el habla? Pues eso es lo que verán cuando mi Espíritu venga: oirán Palabras que no serán de la medida del que las esté diciendo.

–El que me ama, sentirá sed de mis Palabras. Y el que me desprecie, le molestará oír al Sediento.


Desperté, oí:

Ella misma se extrañó cuando oía sus Palabras.

Dios da la contestación de lo que ella preguntaba, porque en ella habla Dios.

Que fueron unas Palabras que el mismo Hijo le dio.

Estas dos mujeres aman tanto a Dios Hijo, que quieren no dejar de oírlo, en la carne que sea, pero oír sus Palabras.

Dios le da la Enseñanza en ella misma, y Dios Hijo le pasa sus Palabras.

Dios Hijo y Dios Padre querían que ella enseñara, cuando el Espíritu de Dios en cualquier carne hablara.

Lo verían en la Fuerza, de abundancia de Palabras.

Lo verían en que dice lo que su carne no habla.

Él sabía, el que el Padre las Palabras revelaba.

Porque Dios vivía de Hombre, y Dios, de Dios se quedaba.

Se quedaba Allí, en su Reino.

Esto es lo que no comprende el que a Dios no lleva dentro.


***

Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 91-92-93