sábado, 18 de febrero de 2012

Para hablar de Dios tienes que amar a Dios


En Sueño Profético hablaban del hablar de Dios. Decían:

Para hablar de Dios tienes que amar a Dios. Si no amas, hablas de Dios fríamente, sin seguridad de lo que dices, por seguro que fuera lo que de Dios hablaras, cambiando tu opinión por lo que dice otro. Aquí va mi caso encajado a lo que voy a contar:

Estando yo en un mesón arreglando unas cántaras, llegó Pedro, el Discípulo de Dios Hombre, y al dueño del mesón, al que conocía, le refiere un hecho ocurrido delante de él con su Maestro:

“Íbamos 3 y el Maestro, cuando al pasar cerca de unos segadores, se oyeron unas fuertes carcajadas. Hizo el Maestro que nos paráramos para Él parar la risa, ya que sabía la causa que la produjo”. Dijo el Maestro:

–Sí, Yo soy ese que tanta risa te ha dado el que te digan que soy Dios.

Y dirigiéndose a uno le dijo:

–Cuando hables de Dios Hombre, habla con la seguridad de que a tu cuerpo lo mueve tu espíritu. Si nombras a mi Padre y al Hijo, por nombrarlos, vendrán espíritus a mi contra, y tú te irás con ellos, sirviéndole de refuerzo a Satanás. Tú estabas diciendo que habías conocido a Dios Hijo, enviado por Dios Padre, y como no amas, te faltó fuerza para parar la risa. Puedes darlo todo por segado, porque mañana os encontrareis siembra.

Desperté, oí:

El Amor a Dios te da fuerza para parar la risa.

Cuando esta risa sea para ofender a Dios.

Él quiso hablar de Dios como se habla de la estación del año.

Como se habla de la estación del año, que admites la opinión de que el verano fue más corto, que el frío pronto pasó.

Como se habla de todo, que cualquiera da opinión, que a veces lo que tú has dicho sirve de risa “pa” “tos”.

La risa se les quitó cuando el Maestro dijo: La siega se cambiará, cuando mañana la tierra la veas toda “sembrá”.


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Libro 10 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados En Gloria - Tomo I - Pag. 101-102-103