lunes, 6 de febrero de 2012

"Si tu espíritu está sano, tu carne nunca está mala"


En Sueño Profético hablan dos doctores. Uno, el Doctor del espíritu, y otro, el doctor de la materia.

Dijo el doctor de la materia, que antes de soltar la materia, ya vivía Gloria, y a sus pacientes impregnaba.

No hay desacierto mayor, que poner atención antes a la materia que al espíritu; que querer tener el cuerpo sin un rocecito de dolor, y no preocuparte de la gran epidemia del espíritu, epidemia que el mismo hombre contagia.

Ya habló el grande Doctor del espíritu:

Dios se comunica para llevar el medicamento, para sanarlo, quitar el contagio y apartar al infeccioso que su curación no quiera, para llevar la Salud Eterna, Salud sin final y sin vejez, medicamento que llega sin que la materia pueda detener, sin que le prohíban sus tomas, sin que le cobren dinero, sin que intervenga la cirugía, que también es por dinero.

Dijo el doctor de la Tierra:

Ya, oyendo al Doctor del Cielo, debía el de la Tierra dejar su medicamento, y aconsejar al paciente que se curara primero lo que no daba dolores, ni le costaba dinero, y ya su receta era legalizada en el Cielo.

¿No te parece cristiano, éste, un buen medicamento?

Desperté, oí:

Los dos doctores eran santos,
por la Presencia de Dios.

Uno hablaba de materia.
Otro el Doctor de Dios.

¡Qué sencillo se comprende
cuando habla la razón!

El hombre debía al nacer,
tener el primer Doctor,
hecha ya por los mayores
una receta de Dios.

Y en esta receta escrito,
con unas letras bien claras:
“Si tu espíritu está sano,
tu carne nunca está mala”.

Si el espíritu está sano,
la Vida no se te acaba.

Y cuando la carne enferme,
Dios el médico te manda.

Un médico que es de Dios,
que conserva los espíritus,
porque sabe son de Dios.

Conserva sano tu espíritu,
y ya di: “Yo amo a Dios”.

Y coge por medicina,
Los Mandamientos de Dios.


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Libro 2 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo II - Pag. 255-256-257