miércoles, 4 de abril de 2012

El letrado y el campesino


En Sueño Profético hablaban de comprender lo Divino.

Dijo uno:

Yo vi una vez un letrado hablar con un campesino. El letrado le ponía comparaciones justas –de su mundo, en su talento–, para hacerle ver al campesino que la existencia de Dios era una fábula. Iba a hablar el bracero y le salía el letrado, hasta que éste del campo pidió la ayuda a este Cielo, que en su corta inteligencia amaba a Dios, y Dios da el premio.

Empezó con comparaciones a las mismas que él había puesto cuando lo dejó callado antes de mirar al Cielo.

Esto fue lo primero que el letrado le dijo:

–El no tener amistad –¡Y que tampoco la quiero! – con el Dios que tú dices que hay, me tiene a mí de señor, y por los sitios que voy no tengo que abrir las puertas; mis padres lo mismo eran, y mis hijos ya me siguen. Tú estas con el arado y naciste entre la tierra.

Se paró éste del campo y contestaba con sentencias que ya iban de este Cielo y las recogía su lengua:

–Con todo lo que me ha dicho, ha hecho que me dé pena. ¿Quién mejor podría cundir la existencia de Dios y que nos espera Allí, si yo, labrando y sembrando, a Dios del Cielo siempre Lo estoy nombrando? Con esto me pasa a mí como tú antes has contado: mis abuelos a mis padres –así fueron enseñados–, y mis padres a mí. Esta herencia ya la tienen mis hijos.

Desperté, oí:

Aquí midieron las fuerzas
el Amor y la cultura.

La cultura, sin Amor,
resulta palabra fría.

El Amor, sin la cultura,
Cultura Dios te la envía.

Si el hombre quiere pensar
un momento en esta frase,
puede coger el Amor,
y a la Cultura acercarse.

Coge el Camino de Dios,
que ésto Cultura te abre.

La cultura que no sigue,
éste, poco Saber sabe.

Hizo más servicio a Dios
el que nació entre la tierra,
y siempre hablando de Dios.

Dios también está en el culto,
cuando éste ame a Dios.


***

Libro 6 - Dios Manda En Su Gloria Que Enseñen - Tomo I - Pag. 234-235-236