lunes, 30 de abril de 2012

El hombre abusa de la Misericordia de Dios


En Sueño Profético hablaban de Dios, del pecado y del hombre; de la forma que el hombre se retiraba de Dios y se acercaba al pecado. Hablaban cómo persigue el pecado al hombre, siendo pocas veces rechazado.

Decían:

Hay quien peca más en su casa que en la calle. Y hay quien sale a la calle con intención de hacer pecados. Hay quien confiesa el pecado de otro y al suyo le da silencio creyendo está confesado, y no sabe que para Dios ha hecho doble pecado.

Ya quedó sin palabras oír, y otra vez se oye habla:

Si este Dios el Perdón no diera, pocos, poquísimos, venían a esta Gloria. El hombre abusa de la Misericordia de Dios, que a veces, el pensar su Perdón, tú mismo te metes en el Infierno.

Dijo uno:

Si el hombre viviera sólo para agradar a Dios, rechazaba con facilidad el pecado. Si el hombre no viviera con “el qué dirán” de otro hombre, el hombre buscaba el aprender del que Aquí Dios le habla, que este hablar es para el hombre, para que el hombre viva amando a Dios, hablando de Dios y enseñando este hablar, que más que hablar es silencio, es hacer y que otro diga, es amar a todo lo de la materia, que Dios dejó su Enseñanza, y es la misma que hoy enseña.

Si el hombre no respetara “el qué dirán”,
pocos cumplían condena,
pocos vivían andando
como juguete con cuerda;
pocos dirían: ¿Habrá Dios?,
¿será verdad lo que cuentan

de los siglos que pasaron
cuando Dios bajó a la Tierra?

Si el hombre hablara de Dios
sin pensar “el que dirán”,
sabría hablar de la Gloria,
porque buscaba el Lugar.

Desperté, oí:

De no hablar el hombre de Dios,
se va quedando atrasado.

Da cultura a la materia,
y va engordando pecado.

Da libertad al espíritu
que ya vive endemoniado. 

Busca al que la cultura le haga

de Dios viva retirado.

Éstos son hombres con cuerda,
movidos por el pecado.

El hombre que ama a Dios,
no peca estando en la casa.
El hombre que ama a Dios
y se pasea en la calle,
va despidiendo pecados
como remolino el aire.

No pienses “el qué dirán”,
y busca donde Dios hable.


***

Libro 8 - Dios No Quiere, Permite - Tomo I - Pag. 164-165-166