viernes, 6 de abril de 2012

Si amáis como yo, no os dan risa mis palabras


En Sueño Profético hablaba Teresa de Ávila, del Amor. Decía:

Estando aún en el convento, un día, al entrar en la capilla, se le ocurrió a una decir:

“Yo creo que se puede querer y no decirlo tanto. ¡Parece que sólo hay tú que a Dios lo estés adorando...! Todas las que aquí vamos, Lo queremos como tú, y día y noche estamos rezando para tener obediencia a todo lo que en el convento hay mandado”.

Yo también cumplo las leyes
que el convento me ha "ordenao",
pero si me habla mi Dios,
ya no mando en mi cuerpo,
que se me queda "parao",
y mis ojos ven jardines,
aunque no haya nada "sembrao".

Hay veces que oigo ruido,
y ruido "exagerao",
y quiero levantar la voz,
y el eco queda "callao".

Anoche, cuando la campana
el silencio nos ponía,
yo estaba viendo a Jesús,
pero de niño, y corría
por un camino de cruces,
de cruces que Le ponían,
y me decía con pena:
"Al que Me ama y Me sigue,
el hombre le pondrá cruces".


Unas cuantas se oyeron con risa fuera de sitio. Entonces habló Teresa, y quedaron todas calladas:

Ahora me confirmáis
cómo es vuestra forma de amar.
Si amáis con la locura
que se ama a Dios del Cielo,
no dan risa mis palabras,
porque yo no las estoy diciendo.

Yo os he "contao"
un pedazo de mi sueño.
Si a quien le ocurra esto
le puede guardar silencio,
no le funciona la lengua
y no habla Dios del Cielo.

Desperté, oí:

Ellas quería que callara
lo que mi Dios en mí hablaba.

Les extrañaba el verme
siempre hablando: “que me habló”.

Aquí les faltaba Amor
o se veía la ignorancia
de aquél que nunca escuchó
al que este Dios le manda.

Nunca quieren preguntar
al que Dios Aquí lo trae;
nunca dicen: “es verdad,
él amó, y un Amor incomparable”.
Pues para que te hable Dios,
has tenido que quererlo,
con un querer como nadie.

Si ellas aman como yo,
la risa queda por dentro,
que esto es risa de Amor.

No puedes a Dios amar
y recibir sus Palabras
a risas y a carcajadas.

¡Ay Dios, que nadie cree
que Tú, Vida Aquí tengas.
¡Ay Dios, que al que le hablas,
le desprecian su presencia!

Si el Amor que ellos dicen,
fuera Amor de verdad,
te lloverían las preguntas,
para saber ellos amar.

No te rías cuando digan:
¡yo veo a Dios de verdad!

TERESA DE ÁVILA


***

Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag. 246-247-248