martes, 29 de mayo de 2012

A las tres de la tarde

En Sueño Profético hablaban los Discípulos de Dios Hombre, de casos ocurridos yendo con el Maestro.

Dijo Pedro:

Un día, estábamos todos reunidos esperando que nos mandara a cada uno al sitio que Él mejor viera íbamos a hacer el cometido que nos encomendara. Yo, mi suerte fue ir con Él.

Pasando por la casa de unos que tenían fama –y así lo era– de adorar al Maestro, salió una mujer y dijo:

   –Maestro, ¿qué haría yo para que mi marido y su madre Te conocieran? Pues sé, que al conocerte, te amarán.

Contestó el Maestro:

   –Mujer, ya has hecho todo. Tú me amas, y me dices que qué harías para que me conocieran. Pues con decírmelo, ya me conocen. Cuando llegues a tu casa, te esperarán en la puerta y te dirán que ya me conocen, porque mi Padre ha oído tu súplica, y en estos momentos ellos también me están viendo. Cuando llegues, pregunta la hora en la que me vieron, y verás es esta misma.

Desperté, oí:

Dios Padre hizo
que Dios Hijo llegara a su casa
a la misma hora
que ella lo estaba viendo.

Llegó el Maestro con Pedro
y contaron lo ocurrido.

La mujer, al día siguiente,
fue en busca del Maestro
con lágrimas en los ojos,
pero no de sufrimiento.

¡En la puerta me esperaban,
también llorando y contentos!

Estas fueron las palabras:
¡He conocido al Maestro!
Serían las tres de la tarde,
y se me entró un Hombre dentro,
y me dijo: “Yo soy Dios,
al que le llaman Maestro”
.

Quise ir hasta la puerta,
por ver cómo fue aquello,
pues dentro ya de la alcoba
se iba desapareciendo.

Ella amaba tanto a Dios
y le pedía en silencio
que su marido y su madre
conocieran al Maestro.

Las tres de la tarde eran,
cuando lo estaban "tos" viendo.

En esta casa entró la Paz
que el Padre mandó del Cielo.

***

Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 200-201