viernes, 8 de junio de 2012

Color entre lo blanco y lo negro

En Sueño Profético hablaban de la vida de los Elegidos. Decían:

Si estudias al que Dios elige,
ves clara la actuación de Dios;
ves lo blanco con lo negro
formar un mismo color;
ves cosas de Aquí del Cielo
haciendo servicio ahí
sin el hombre comprenderlo,
que al no comprender,
sí ves lo blanco junto a lo negro.

Debes de mirar Aquí,
preguntando a este Cielo,
y ya responderá Dios,
y entonces podrás decir:
“esto es blanco y esto es negro”,
y tal vez haya color
entre lo blanco y lo negro.

Dijo Juan de Dios:

Al tener contacto tu espíritu con espíritus de esta Gloria, más te dirán loco que te preguntarán: ¿Cómo es Dios?, ¿Qué vida hiciste para que Dios te mande? Porque el mandar de Dios es en la fuerza que a nada puedes negarte.

Yo iba buscando enfermos, y por dentro de mi cuerpo notaba alegría, fuerzas y mando, y a veces un sufrir lento que me dejaba parado. Pues no sé si al leer comprenderás esto que hablo.

Otra vez me daba fuerzas para ir por las camas preguntando a alguno que me llamaba cuando oía mis pasos. No hay duda de que Dios allí quería que yo fuera. ¡Pero qué sufrir cuando no tenían dinero, las ropas rotas y sucias, y yo queriendo dar y sin recibir ingresos! ¿Puede nadie comprender el por qué me pasa esto? Pues si decía: “¡Dios mío!, ¿adónde voy por esta lista de todo lo que necesitan?”, antes de doblar el papel, alguno en mi hombro ponía su mano: “Juan, hoy me toca a mí el darte para tus enfermos”. Pues ya estaba yo viendo lo blanco junto a lo negro, y Dios hacer más colores que ninguno estaba viendo.

Desperté, oí:

Juan de Dios te dice aquí,
que cómo él comprender
que Dios lo mande al enfermo
sin poder él resolver.

Si empiezas estudiando
la vida de Juan de Dios,
ves, sin que hagas preguntas,
que era movido por Dios.

¿Quién va buscando para dar
al que comida le falte?

¿Quién oye grandes insultos
y deja que lo maltraten?

¿Quién puede emplear fuerzas
donde fuerzas ya no hay?   

Pero es aún más fuerza
el seguir sin enfadarse,
sabiendo que Dios lo manda
a enfermos y caminantes.

Sabiendo Dios que no tiene
dinero para enfrentarse
a la gran mendicidad,
y a enfermos, pero incurables.

¿Quién comprendería a Juan
cuando de Dios les hablaba
sin a Dios nunca culpar?

Éstas eran sus palabras:
“En mandándome las fuerzas,
no hay duda que todo manda”. 

Si Él sabe lo que yo tengo,
¿cómo me manda a las camas?

Manda con su curación,
manda sabiendo que manda.
A Juan ven los que están lejos,
y a Dios, los que mucho aman.

JUAN DE DIOS


***

Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag. 115-116-117-118