viernes, 22 de junio de 2012

Esta familia no quería oir hablar a Dios

En Sueño Profético contaban un hecho ocurrido en Damasco:

Había allí una familia que tenía amistad con una profetisa, y todo cuanto les ocurría, iban a ella a consultárselo. Ésta tenía muchos aciertos de lo venidero, pero nunca era un Lugar donde Dios hablara al hombre para su Enseñanza. Estando un día los Discípulos del Maestro hablando de su Maestro, dijo uno de estos visitantes de la profetisa:

   –A Ése del que vosotros estáis hablando, será necesario que Lo oiga quien no tenga amistad con una profetisa, pero nosotros sabemos del Padre, de su Gloria y del sitio donde no está Dios.

Pasó algún tiempo, y un día, cuando el Maestro estaba hablando a un gran gentío, vio el Maestro a uno queriendo llegar a Él, y las masas no dejándolo, levantó su Brazo derecho y pronunció estas Palabras:

   –Dejadle camino para que llegue a Mí, y las palabras que trae en silencio, repita, para que todos las oigan.

   –Tú fuiste el que comparaste mis Palabras con las de la profetisa, cuando mandé a mis Discípulos con mis Palabras de Enseñanza, y ahora quieres darme tu disculpa.


No tuvo palabras de disculpa cuando oyó al Maestro que le repetía las mismas palabras, y con las manos tapando su rostro, llegó al sitio del Maestro con grandes sollozos.

Otra vez se oyó la Voz del Maestro:

  –Si he dicho las Palabras antes que tú las pronuncies, ha sido para dejar dicho el Poder de mi Padre dado en Mí. Esta Enseñanza hará ver claro lo que es el Hijo del Hombre.

Desperté, oí:

Uno lloró, y todos inclinaron las rodillas.

Había varios grupos que sabían el hecho ocurrido.

Esta familia adoraba a la profetisa, y no quería oír hablar al que movimiento le daba a todas las lenguas.

Ésta sabía de Dios lo que Dios le dejaba.

Y el Maestro hablaba, siendo Dios el que actuaba.

Si Él no iba, iba su Poder en sus Palabras.

Él hablaba en ellos, y Él oía en ellos, una vez que Él decía: “Id y hablad en mi Nombre”.

Esto, sólo lo entendía el que amaba.

El que no amaba, veía a Él, y Lo desmentía.

El que amaba, adoraba las Palabras dichas por otro.

Porque el que ama, siente las Palabras que están dichas por Dios.

Las Palabras que están escritas, aunque aquellas las dijo Dios, ¡son Palabras tan distintas a estas Palabras con Voz...!


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Libro 10 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo I - Pag. 142-143-144