lunes, 18 de junio de 2012

Tienes que ser niño cuando Dios hable

En Sueño Profético decían:

Para comprender las cosas de Dios, tienes que creer en Dios y amarlo. Si sólo crees, no comprendes. El creer no da la comprensión. La comprensión la da el Amor. Más comprende la madre al hijo por el amor, que por saber que es hijo suyo. Las cosas de Dios te las aclara el Amor.

En la Vida de Dios Hombre, hubieron grandes polémicas entre los que no amaban y los que amaban. Aquí había opiniones diferentes. La opinión del Amor resaltaba con su firmeza de aceptación. La del que sólo creía, siempre hablaba reformando los Hechos del Maestro. Y ya la opinión del que no creía en Dios, era vivir indiferente al Reino de Dios. Los que creían y no amaban, no los veías tranquilos, siempre era ira para el Maestro; querían condenarle y no encontraban condena; querían calumniarlo y su Presencia rechazaba la calumnia.

Dijo uno:

¡Cuánto Le culpaban de haber cogido por padres –a la vista del hombre– a José y María!

¡Cuánto Le calumniaron por buscar a los pecadores que Él sabía que sufrían hasta alcanzar el Perdón!

¡Cuántas ofensas oía cuando no curaba la carne, cuando no veían prodigios!

Todo el que no amaba, veía algo de Dios, pero menos que el que amaba, porque el Maestro les vedaba lo Divino, apartándolos.

Desperté, oí:

¡Cómo te hacen tres grupos
referentes a este Dios!

Unos son los que comprenden,
porque los guía el Amor.

Y diciendo “Dios lo ha hecho”,
¡esto será lo mejor!  

Los que no creen,
se juzgan Aquí y ahí sin Dios.

Y los que creen y no aman,
es el castigo mayor.

Porque tuvieron polémicas
corrigiendo a este Dios.

Si el Amor le falta al hombre,
nunca puede hablarle Dios,
porque el Lenguaje de Gloria
es niño con un mayor.

Niño que aún su ignorancia
no podría destacar
ni peligro ni venganza.

Pues aún tienes que ser
más niño cuando Dios hable,
para que digas amén.


***

Libro 4 - Te Habla El Profeta - Tomo I - Pag. 162-163