miércoles, 13 de junio de 2012

"YO TE ENSEÑO A QUE CONOZCAS A LOS FALSOS PROFETAS"

En Sueño Profético decían:

Si este Hecho no se cuenta Aquí en la Gloria, ¿quién podría saberlo?

Saliendo un día Dios Hijo de su casa con los Discípulos que fueron a buscarlo, se acercó uno que Lo amaba por las referencias que le hacían unas primas de un Discípulo suyo, y Le preguntó. Primero se presentó diciendo:

   –Sé mucho del caminar que cada día lleváis, pero no he oído por Ti, Dios y Hombre, las Palabras para yo cundirlas diciendo: "Yo las he oído de Boca de Dios Hombre."

Ya hace la pregunta:

   –Dicen que cuando Te vayas a tu Reino, vendrán falsos dioses imitando tu Doctrina, y que serán mandados por los demonios. Yo quiero que seas Tú el que me enseñes a conocerlos.

Siete había con el Maestro, y hubo silencio como si el Maestro estuviera solo.

Dijo Jesús:

   –Tú querías oírme, y mi Padre te ha mandado, y Yo te enseño a que conozcas a los falsos profetas. El que venga enseñando mi Doctrina, tiene que ser la misma que Yo enseño, y practicarla él primero. El que haga esto, es cambiado por Mí cuando Yo ya esté en el Cielo. Desde mi Reino Yo elijo la carne que ha practicado las Palabras de mi Padre, que son las mismas que estás oyendo, porque sólo es mi Padre y Yo, pero es uno sólo. Se conocerá el falso, porque su acción no irá con sus palabras. Se conocerá porque su espíritu no tendrá poder sobre su carne, y mi Padre hará que su acción sea mala, como es su espíritu. Éstos son los falsos profetas que verá el hombre.

Desperté, oí:

¿Quién contaría este Hecho de Dios Hombre y sus Discípulos?

¡Qué Enseñanza, por el mismo Dios del Cielo!

Leyendo este Evangelio puedes conocer al falso y al que de Dios es Instrumento.

Este hombre no conoce al Maestro, y Lo ama por lo que un Discípulo cuenta.

Pero le viene el pensar, cuando se fuera el Maestro: "¿Cómo él conocería para no dejar de amar?"

Para no dejar de amar al que del Cielo decía: "Dios me manda para enseñar."

A los profetas que son falsos, falsos se les ve actuar.

Porque Dios no les consiente a los suyos engañar.


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Libro 10 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados En Gloria - Tomo I - Pag. 155-156-157