viernes, 20 de julio de 2012

El refugio de los pobres

En Sueño Profético decían:

Nunca quedará por bueno el que de bueno se vista. Hay más buenos que se creen buenos, que buenos sean.

Dijo uno:

El hipócrita se cree bueno y siempre procura hacer las cosas con maldad, con medida, con risa falsa, con cumplidos. Éste no es el bueno de la Doctrina de Dios. El bueno es el que otros dicen “ese es bueno”, porque bueno va dando, porque en el mal del sufrimiento, él, “el bueno” va dejando. El que es bueno, cuando da con malos, más se le ve “el bueno”. El bueno se avala por su Paz. El que Paz no dé y Paz robe, éste no es amigo de Dios.

Otro dijo:

Saliendo un día de mi casa, pasaba el Maestro y tres más. Me fui detrás de ellos por Amor, no por curiosidad, y el Maestro estas Palabras iba diciendo:

   –Pasad de largo en la casa que ayer os recibieron, porque hoy ya no serán buenos, porque ayer tampoco lo fueron. Ayer se vistieron con el traje de la hipocresía, para decir “yo soy amigo del Maestro”, pero en esa casa todo lo hacen a contra de lo que mi Padre tiene mandado. Pues si esto hacen, no pueden ser hombres buenos.

Cuando terminó de hablar, miró para atrás, y dijo:

   –Tú sí eres bueno, tú has dejado de ir al convite por seguirme. Vente, pero ya delante, como Me acompañan éstos. Que Yo doy mi Amistad al que siempre es bueno, o a aquel que hizo mal, y al mal le da desprecio.

Desperté, oí:

Este que siguió al Maestro,
se había dejado la fiesta
y contento caminaba
sin hacer hipocresía.

Tenía deseos grandes,
pero no tenía amistad
para ir con el Maestro.

En su casa hacían vida
que el Padre tenía mandada.

“El refugio de los pobres”,
a su casa le llamaban.

Su mujer y sus chiquillos
siempre tenían estas palabras:

“El que no tenga comida,
en mi puerta dé llamada”.

“Y algo se llevará,
aunque sean mis Palabras”.

“Si hoy no te doy mucho,
doble te daré mañana”.

Éstos son los buenos,
buenos porque cumplen
las Palabras que Dios
manda desde el Cielo.


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Libro 10 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo I - Pag. 153-154-155