lunes, 23 de julio de 2012

"LA ORACIÓN NO SIRVE, SI ES DICHA SIN AMOR"

En Sueño Profético decían:

La oración no llega a Dios por ser oración. La oración llega cuando es presentada por el Amor sin pedir Perdón, o por pedir el Perdón con propósito de enmienda.

Dijo uno:

Un día, yendo con Jesús, se acercó una mujer y le hizo esta pregunta:

   –Maestro, dices que se aproxima el momento de la oración. ¿Hay que estar horas o minutos, para yo cumplir tu Palabra?

Se paró el Maestro y con respuesta del Cielo contestó:

   –La oración no sirve por larga, si es dicha sin Amor y cansándote. La oración de Amor a mi Padre es corta, seguida y sin que te olvides de ella, por tenerme a Mí presente, que Yo soy el que la oigo cuando es dicha detrás del Amor.

   –Tú sigue amándome, y siempre estarás en oración, sin hora ni día, porque Yo Allí en mi Reino ya no te dejo, como mi Padre no me deja a Mí hasta que el hombre me vea Muerto; que cuando muera mi Carne, ya soy el Padre y el Hijo en el Cielo.

   –Sigue haciendo oración, mujer, que tu oración es de Amor y llega al Cielo.


Todos quedamos con Enseñanza y supimos hacer oración de la que Dios Hijo sabía que llegaba al Padre, por sentir Él el Amor de la oración dicha sin medida, corta y continua.

Desperté, oí:

Dios mismo le dice al hombre
cómo tiene que a Él orarle.

Esta mujer ama tanto, que no quiere
ni en la oración disgustarle.

Si el Maestro le contesta,
que sólo ame minutos,
peca, porque no lo olvidaba,
al día, medio segundo.

Había quien le decía,
que en amando,
sobra recuerdo.

Ella dejaba oración,
y recordaba los Hechos
que al Maestro presenció.

Tenía un Amor a todo
lo que el Maestro decía,
que no habla otras palabras
que las que a Él le oía.

Otras veces preguntaba
a aquél que a Él Lo seguía.

Se metía en los mesones
que al Maestro conocían.

Era vivir y vivir,
para adorar noche y día.

Pero fue en busca de Él,
por ver lo que Él le decía.

Su oración no era larga,
tan sólo corta y continua.

El Amor le hacía engarce
con las noches y con los días.


***

Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 173-174