jueves, 5 de julio de 2012

Todo lo que Aquí se dicta, es Evangelio

En Sueño Profético hablaban de los Evangelios. Decían:

El Evangelio es la Palabra de Dios. Este Evangelio, Palabra de Dios, es para oírlo y practicarlo, practicarlo e irlo enseñando con el ejemplo.

Dijo uno de sus Discípulos:

   –El Maestro nos enseñaba con sus Palabras y nos mandaba que fuéramos enseñando por todos los sitios que había hombres que quisieran salvarse. Aquí era donde leíamos el Evangelio, íbamos cundiendo el llenar que dentro llevábamos; cansábamos nuestros cuerpos, pero nuestro espíritu pedía más caminar. Él nos enseñaba a caminar sin descanso, y así quiere que continúe el que se tenga por cristiano. Aprende del Evangelio y enseña con tu ejemplo, que en el ejemplo va Dios, una vez que llevas sus Palabras. Lo que aprendes es más fácil que no lo olvides, si no dejas de practicarlo. Estas Palabras nos repetía mucho el Maestro:

“Practicad y no olvidaréis lo que habéis aprendido. Practicar es aceptar. Esta Enseñanza, si no la vas cundiendo con tu actuación, vas en contra de ella. El que oiga sólo mis Palabras para sus oídos, sin cundirlas ni ponerlas en práctica, va en mi contra”.

Desperté, oí:

¡Cuánto se habla de Dios con camino equivocado!

Dios bajó aquí, a la Tierra, para enseñar y que tú fueras enseñado.

Si tú coges esta frase, escrita del Evangelio, esta que yo aquí dicto: “Da de comer al hambriento, da de beber al sediento, y viste su cuerpo al desnudo”, esto es puro Evangelio.

Si tú te sientas y coges estas Palabras, leyendo y leyendo, te repites: ¡Esto sí que es Evangelio!

¿Tú crees que saciarás la sed del que sufre y espera en acción el Evangelio?

¿Y llevarás la comida para el hombre que esté hambriento?

Piensa si Dios, cuando Hombre, les hablaba para ellos.

Piensa, que al que Dios le manda, diciendo: “Di de mi Reino”, no lee los Evangelios, porque él sigue escribiendo para aquél que no vive sin materia Aquí, en mi Reino.

Todo lo que Aquí se dicta, su palabra es Evangelio.

No oigas si no practicas el que espera tu consuelo.


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Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 105-106