viernes, 31 de agosto de 2012

Dos personajes

En Sueño Profético hablaban de varias cosas diferentes. Lo mismo hablaban de medicina que de Teología, de pecado, de la muerte, de la posición que el hombre busca en la Tierra, de lo material y de lo Divino.

Decían:

Cada persona actúa con otra; cada persona es dos en una: es persona materia y persona espíritu; son dos personas en una; una, a la vista del hombre; otra, invisible al hombre; una, con Vida Eterna; otra, a plazo fijo; la de la vida Eterna sabe que muere cuando quiera; la que la vida la tiene a plazo fijo, no quiere morir y no puede saber cuándo le llega.

Estos dos personajes,
que dos hay y uno queda,
el hombre se ocupa
del que ni en ceniza queda,
del que mucho deseaste
y luego dándote pena,
ni lo cuidas ni lo exhibes
y en un rincón ya lo dejas,
y otro se pone a pensar:
¿Dónde están tus grandes manos?
¿Dónde está tu hábil lengua?
¿Dónde están tus energías
y dónde está tu carrera?
¿Qué haces con tu capital,
que lo guardas y conservas,
sabiendo que otro espera
para vivir el personaje
que ni en ceniza se queda?

Esta es la lucha del hombre,
cuidar lo que en nada queda.

El personaje que dura,
no muere hasta que él quiera,
y sabiendo fecha fija,
aquí duda es que no queda.

Desperté, oí:

El que ama a Dios, sabe que el personaje del espíritu tiene Vida Eterna.

El que quiera saber cuándo el espíritu muere, lo sabe fácil.

Cuando no amas, cuando estás en contra de Dios, cuando no quieres saber nada de su Gloria, aquí está el espíritu muerto.

Que si tú quieres, muerto queda, pero por que tú quieras.

La carne no tiene “quieras”,
a la carne le llega muerte,
a lo feo, a la belleza,
a los meses, a los años,
al siglo que pocos llegan.

Debía de haber un estudio
y premiar al que dijera:
“Se va a premiar en grande
al que olvide la materia”.

Porque cuidando a los dos,
tan sólo espíritu queda.


***

Libro 2 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo II - Pag. 153-154-155