viernes, 10 de agosto de 2012

Los corderos: símbolo de la Palabra de Dios

En Sueño Profético decían:

“Nunca sabrán los corderos el camino que el pastor va a coger cuando amanezca el día”.

Este símbolo fue puesto varias veces por Dios Hombre.

Dijo uno:

El Maestro nos hablaba muchas veces delante de los borregos; éstos disfrutaban de la Presencia del Maestro mientras nos explicaba.

Un día dijo:

   –Contad los corderos, y cuando me digáis el número de cabezas, Yo os hablaré lo que ya tengo preparado para que sigáis mi Enseñanza.

Fueron todos a contarlos, y no era posible por tener que continuar caminando, y la cantidad era grande.

Ya viendo el Maestro el deseo que todos tenían de servirlo, y no podían alcanzarlo, rápido dijo el Maestro a uno:

   –Ve a aquel ribazo y pregúntale al pastor, que de momento te dirá las que tiene. Y si alguna le faltara, ya lo sabrá cuando de noche las guarde, por formar parte la vida del pastor de sus corderos.

Ya llegó uno y le dijo:

   –Maestro, 150 borregos aquí tiene –y señaló con el brazo el manchón.

Ya coge Dios Hombre la Palabra:

   –Estos corderos tienen confianza en su pastor, y a sabiendas siguen los pasos del pastor; a sabiendas de que el pastor los llevará donde mejor pasten y el camino sea menos duro, por formar el pastor parte del rebaño.

   –Si estos corderos no confían en el dueño, no siguen al pastor, y si no lo siguen, ¿puede él cuidar tantos corderos, cuando cada uno cogiera camino diferente? Todo es unido por el amor y la obediencia; con amor del pastor, y con obediencia de los corderos.

   –Un solo pastor puede con cientos de ovejas. Si estas ovejas un día tuvieran que hacer caminos diferentes a los que ayer no hicieron, también seguirían al pastor, por ser el pastor el que las guía, tan sólo para que pasten. Si ellas siguen al pastor, hay rebaño. Pero si el pastor sigue al rebaño, se acaba que pasten los corderos, por quedarse sin pastor.


Desperté, oí:

Los corderos: símbolo de la Palabra de Dios.

Cuando el Maestro cogía la Palabra delante de los corderos, había veces que quedaban todas con sus manos delanteras dando calor a su pecho.

Todas quedaban mirando,
sin prisa y sin balada.

Todas quedaban juntitas,
cabezas metidas en lana.

Cuando ya se iba el Maestro,
los despedía la balada.     


***

Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 167-168-169