martes, 28 de agosto de 2012

Pregunta con Amor

En Sueño Profético hablaban los Discípulos de Dios Hombre. Contaban el sufrir que les entraba cuando el Maestro les recordaba su Ida al Padre.

Dijo Juan:

Un día, cuando todos estábamos atentos a sus Palabras para aprender su Doctrina, llegó un pariente de Pedro y le hizo esta pregunta:

   –El que Te conozca y no quiera tu trato, luego en tu Reino ¿lo vas Tú a querer tener contigo?

Miró el Maestro a Pedro y le dijo:

   –Pedro, bien se ve que mis Palabras cundes.

Y volviendo a mirar al primo, le dijo:

   –Como tu pregunta ha sido con Amor, Yo te contesto para que el que te oiga sepa lo que luego hará mi Padre:

   –Mi Padre me ha mandado para que Yo ame, enseñe y sea Yo amado. Si Yo amo, enseño y no me aman, mi Padre no puede guardarles sitio en su Reino, porque Yo estaré Allí, y si aquí no quieren mi Amistad, Allí la querrían por remedio, pero no por Amor.

   –El que sabe que soy Dios Hijo, enviado de Dios Padre, y mi Amistad desprecia, Allí no me ve, porque de aquí ya va apartado.

   –Puedes cundir mis Palabras, porque son dadas con el Poder de mi Padre. Estas Palabras te dirán que no son tuyas, porque Yo haré que en ellas me vean a Mí.


Desperté, oí:

Todos vimos que la pregunta fue con Amor.

Él ya había contestado en defensa del Maestro, pero quería saber si fue el grande Amor el que le hizo hablar así y estaba ofendiendo a su Enseñanza.

Cuando lo oyó, le confirmó las palabras que él había dicho, aunque sin comparación a las que el Maestro le decía.

Este pariente de Pedro ama más, por oír a Pedro.

Y quería contestar palabras dichas con firmeza, como Pedro contestaba.

Quería saber como Pedro, pero hablaría con más calma.

Estos primos era juntarse, y hablar del Maestro sin que los callara nadie.

Éste a Pedro le decía: “¡Calma, calma, que yo amo!”.     

Que yo lo que sí quiero saber es lo que a ti te está enseñando.

Y una vez que yo lo aprenda, ¡cualquiera me va callando!

El del temple y el del pronto,
tenían el mismo Amor:
Amor que llamas con temple,
y Amor que callar no puedes.

Esto es martillo en la fragua,
que unas veces oyes golpes
y con música trabajan.

Y otras veces martillean,
y no oyes ruido en fragua.

Pero es martillear
a manera que haga falta.


***

Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 273-274-275