sábado, 18 de agosto de 2012

Vivir con Paz, o sin ella

En Sueño Profético hablaban de vivir con Paz o sin ella. Uno dijo:

Yo presencié dos escenas, y aquí voy a referir:

Yendo un día con el Maestro, y al pasar por una casa de labor, vimos a una mujer con un niño en brazos; otro, en el suelo, se distraía con cuatro pedruscos y un pollillo que su “pío pío” no dejaba. A unos metros había una niña con 10 años escasos que lavaba unas verduras para llevar a vender. Uno de los que venía con nosotros dijo:

   –Maestro, no sé que tiene esta casa, pero yo, aquí, acamparía para siempre, si Tú también te quedaras.

Estando en estas palabras, llegó el marido con dos hijos: uno de 12; otro, 14. Éstos venían de haber terminado la faena, y en el burro y espaldas de ellos, troncos de leña para cocinar y calentarse; pues sus caras eran de frío.

Dijo el padre:

   –¡Mala noche os espera! Aunque no os conozco, si queréis pasar aquí la noche, tenéis comida y cama. En los poyos de la cocina se ponen mantas, ¡y a dormir!

Los cinco chiquillos y la madre, afirmaban:

   –¡Que se queden! ¡Que se queden!

Cuando ya nos quitamos el frío, nos fuimos, y el Maestro les dijo:

   –Para que sepáis quién habéis tenido sentado en los poyos de esta cocina, nunca veréis la zafra sin aceite, y sí veréis abundancia de todo; por más que gastéis, nunca mermará. Aquí hay Paz, porque vuestros espíritus son de mi Padre.

 Al seguir caminando, fuimos a pedir agua en una casa que sólo era matrimonio y una moza. Fue intentar pararnos, y los gritos y maldiciones se oían.

Dijo el Maestro:

   –Yo os quitaré la sed, sin que probéis agua. Aquí os darán agua y sentiréis sed de pecado.

Desperté, oí:

Aquí tienes dos escenas,
una, de vivir con Paz,
otra, sin ella.

Una, quiso Dios quedarse,
porque a Dios tenían en ella.

En la casa de la Paz,
cada uno en su faena,
todos vivían con Dios,
aquí la duda no entra.

Haz que en tu casa haya Paz,
aunque tengas las faenas,
porque si Dios no ve Paz,
las zafras no te las llena.

En la que no había Paz,
Dios no los deja que beban,
porque Dios no puede entrar
donde la Paz no la quieran.


***

Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 139-140