sábado, 15 de septiembre de 2012

El mar obedece a Dios, por no tener Libertad

En Sueño Profético vi el mar y hablaban dos hombres.

Dijo uno:

Aquí, en este sitio, me contó mi padre, que vio convertirse un incrédulo que siempre se aferraba a que no había Dios. Nos contó mi padre, porque éramos dos hermanos, y nos juntó a los dos y a mi madre para contárnoslo, que estaban unos amigos con este incrédulo y que todos trataban el hacerle comprender que Dios había y que estaba Vivo. Viendo los amigos que seguía tan testarudo, le dijo uno:

   –No sé si me das miedo o compasión.

Se quedó el testarudo mirando la Grandeza de Dios hecha en la Tierra, y dijo estas palabras:

   –Para que yo dijera que había Dios, tendría que ver moverse el mar.

Dicen que se puso pálido, y de pronto vieron el mar que lo seguía, quedando mojado hasta la cintura. Estaban a dos metros escasos del mar, y todos los que con él estaban quedaron secos. Dicen que todos vieron correrse el mar y, de momento, volverse a su sitio. Quedó como una columna de arena en el sitio que estaba él. Acudió la gente que por allí andaba, y todos pudieron comprobar que la columna sola seguía creciendo, durando su crecimiento hasta la puesta del Sol, derrumbándose sola y presenciado por varios.

Desperté, oí:

Él no creía, pero quería ver.

Dios pudo hacer que él viera,
y que no lo vieran a él.

Pudo hacer que el mar se lo llevara
y nadie supiera de él.

Dios hizo su aparición
viendo tan sólo a Él.

Y dejó que todos vieran
el Mando de su Poder.

El mar obedece a Dios
por no tener Libertad,
y el hombre no obedece
por la mucha que Él da.

Cuando el hombre no obedece,
siempre es por falta de amar;
debía de hacer desprecio
a la mucha Libertad.


***

Libro 6 - Dios Manda En Su Gloria Que Enseñen - Tomo I - Pag. 202-203