domingo, 2 de septiembre de 2012

Ella coloca el sombrero, justo en la cabeza que sombrero le falta

En Sueño Profético hablaban de mí. Decían:

El que quiera ridiculizarla, mal lo pasará. A ella le llega a la inteligencia la Sabiduría, y la inteligencia le manda a las palabras. El hombre dice palabras, la mayoría de las veces, sin pasar por la inteligencia. El que Dios manda con su Palabra, la Palabra es obediencia de la inteligencia, y esta inteligencia se llena y acapara del Saber que Dios llena. Luego va soltando, según la cabida de cada espíritu. Hay espíritus dulces que por falta de Enseñanza no son para enseñar de esta Gloria, y contra de éstos, los espíritus prontos, valientes, capaces de enfrentarse contra los “sin razón”, pero no haciendo Enseñanza. Ella coloca el sombrero, justo en la cabeza que sombrero le falta. En esto ya ves a Dios sin que te digan palabras. La podrían examinar de preguntas y Palabras de los Escritos que Aquí dictamos, y ya verían una inteligencia no privilegiada, se ve lo que le vieron a aquellos que con el Salvador andaban: que por sus palabras y acciones los confundían con el Maestro. Al que Dios trae Aquí, tiene que pisar el Camino que Dios le traza. Unas veces lo puede explicar el Comunicante. Y otras veces actúa normal, sin explicación, porque inteligencia no manda palabras.

Desperté, oí:

Dios elige, prepara y premia
al que aprender quiera.

La inteligencia del hombre
tiene grande diferencia.

El hombre, para saber,
precisa que otro hombre lo enseñe.

El que Dios enseña,
es para enseñar al hombre.
     
Y esta Enseñanza ya deja
un sí y un no de quimera.

De quimera, para el que quiere
que este Dios mudo estuviera.

Para el hombre vanidoso,
que mucho habla de Dios
y tampoco acepta que digan:
“Yo veo la Gloria de Dios”.

Siempre las quimeras son
del que desprecia y olvida
las Palabras de este Dios.

Pero el que viene, se lleva
Sabiduría de Dios.

Siempre que hagan preguntas,
verán reacción de Dios.

Aquí no es que se aparece,
aquí es que oyes su Voz.


***

Libro 7 - Investigaciones a La Verdad - Tomo I - Pag. 206-207-208