sábado, 8 de septiembre de 2012

La muerte no es la muerte

En Sueño Profético hablaban del que muere, de lo poco que el hombre se preocupa de querer saber de este Vivir. Decían:

¡Cuántos lamentos da el hombre cuando ya ve que remedio no tiene el detener su materia!

Entonces piensa lo que tenía que haber pensado cuando salud tenía, cuando aún años no le acompañaban, porque los muchos años ya sirven sólo para dar compañía; ya tu cuerpo no puede hacerle servicio a Dios; ya el Prójimo no te espera. Si cuando tus pocos años no serviste a Dios y viviste vida en contra de lo que Él manda, tus lamentos serán grandes aunque tu voz no oigan.

Dijo uno:

Es que el hombre cambia la Vida, y vive la material con el valor y precio que tenía que vivir la espiritual.

Las Apariciones que Dios hace son para que el hombre vea que Aquí hay un Mundo de Vida Eterna, para que el hombre olvide la enseñanza del hombre, que da por muerto lo que ahí el hombre entierra. A lo que ahí dice muerto, para el hombre muerto queda. Esto, si se fuera preguntando, todos daban esta respuesta: “¡El muerto, muerto quedó...! ¡Yo creo que son historias...!

Si el hombre creyera en Dios, vivía y enseñaba Vida de espíritu. Pero el hombre no cree; y los que creen no aman; y los que aman son pocos; que los muchos que no aman persiguen a los pocos que aman.

Desperté, oí:

En tres grupos te clasifica esta Gloria al hombre:

Grupo que no cree.

Grupo que cree y no ama.

Y hombres que aman a Dios,
y estos dos grupos maltratan.

Si el hombre creyera en Gloria,
no pasaba juventud
sin tenerla en la memoria.

Si el hombre fijo estuviera
de que la muerte no es la muerte,
no tenía en olvido
al que puede estar presente.

El hombre tiene gran miedo
a que le llegue la muerte,
pero no quiere vivir
teniendo a Dios presente.

Si vives vida que enseña
el que ama a lo del Cielo,
cuando te llegue tu hora,
no dirás ningún lamento.

Te verán tranquilidad,
porque tú ya estarás viendo
la Gloria que Dios te manda,
porque no te va el lamento.

Hace falta que los grupos
vayan desapareciendo,
y que quede el Amor
aplastando al lamento.


***

Libro 4 - Te Habla El Profeta - Tomo I - Pag. 234-235-236