martes, 25 de septiembre de 2012

Sólo con dudar, a Dios estaban ofendiendo

En Sueño Profético hablaban de la Enseñanza de los Discípulos. Dijo uno:

Yo vi un día hablar a dos Discípulos del Maestro, y me tuve que parar. Yendo yo un día a la siega, iban delante de mí los Discípulos, y caminaban a buen paso. Quise emparejarme con ellos y me hicieron correr.

Decía Pedro:

   –Nosotros, cuando lleguemos, estaremos contentos porque nos manda el Maestro, y con pena, por haber dudado del Maestro. –Pues al sitio que iban, había unos que tuvieron duda de cómo era el Maestro, y queriendo tomar amistad con los Discípulos, le preguntaron a Santiago si ellos lo tenían por Dios Hijo mandado por el Padre; y cogiendo una jarra para obsequiarlos, se dejó ver su cara con gesto de fariseo. Ninguno alargó el brazo para humedecer sus labios, que aquello eran las ofensas a su Maestro.

Desperté, oí:

Aquí salió la obediencia,
el Amor y el sufrimiento.

El poderse contener
lo que dejaron por dentro.

Tenían que ir al mismo sitio,
por ser mandato de Dios.

Y el Amor los superaba,
y había obediencia mayor.

¡Dudar de que su Maestro
era Hombre, era Dios,
y el mismo que hay en el Cielo!

Nada más que con dudar,
viendo lo que estaban viendo,
antes de decir palabra,
ya estaban a Dios ofendiendo.

Cuando la jarra alargó,
todos miraron con pena,
y ninguno se movió.

Lo más grande para ellos,
era el oír decir “no”.
¿No será Éste el Mesías?
No creo que sea Dios...
¿No podríamos enterarnos
del sitio donde nació...?

Pedro callaba por fuera,
y por dentro oía el “no”,
de boca del fariseo,
que fue el que lo mató.

Ellos andaban humildes,
como los mandaba Dios.


***

Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 122-123-124