lunes, 17 de diciembre de 2012

Cuando el pecado te deja y cuando tú dejas pecado

En Sueño Profético hablaba Agustín de Mónica. Hablaba del pecado, de la gravedad que tiene el que peca y sigue pecando.

Dijo Agustín:

Yo quité a muchos de pecar con contar mi arrepentimiento. Y otros que iban a pecar, no pecaron.

¡Cuántos me confesaron sus tentaciones! ¡Cuántos me abrazaban llorando! Yo me quería hacer el fuerte, pero cada vez que oía: 

Agustín, el Perdón yo no merezco.
¡He hecho tanto mal a mi alma...!
¡He hecho tanto mal a mi cuerpo...!  
¡He dejado tantas veces 
a mis hijos sin alimento...,
que no debería buscarte,
pero si me mato el cuerpo,
ya nunca podré salvarme.

Esto oía de unos.

Otras veces me buscaban,
mujeres que vivían amancebadas,
para oír estos consejos:

¿Tú crees que Dios desde Allí,
tan alto como está el Cielo,
Él va a saber quién es el malo o el bueno? 

¡El dinero no lo gasta 
el que no tiene dinero!
¡Y la belleza, que sea
“pa” el que la pague a buen precio!

Esto me lo contaban
entre sollozos y tapándose la cara.
Avergonzadas, esperaban mis consejos.

Yo creo que a mí me venían
para que este sufrimiento
me recordara mi vida,
y más llamara yo al Cielo,
y más pidiera el Perdón,
y a más malos hiciera buenos.

Cuando ellos terminaban,
yo les hablaba de este Reino,
al que ellos pidieron Perdón,
sabiendo que Dios perdona
cuando tú dejas pecado,
no que el pecado abandona.

Desperté, oí:

No sé si debo aclarar
estas palabras ya dichas,
que son de esta Gloria:

Es más grave en el pecado,
cuando el pecado te deja,
que cuando tú dejas pecado.

Cuando tú dejas pecado,
buscándote a ti el pecado,
es cuando sientes a Dios
y te sientes perdonado.

No es la misma gravedad,
habiendo los dos pecado,
que el pecado a ti te deje,
a que tú dejes pecado.

Hay quien cuando ya no puede pecar,
por falta de la materia,
pide Perdón y exigencia.

Esto no tiene el valor 
de aquel que pecando igual,
se despoja de sus bienes
y a Dios se pone a buscar
sin que lo demás le importe.

Yo diré de Magdalena.
Y otro, que diga de mí.

AGUSTÍN DE MÓNICA


***

Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag. 81-82-83-84