viernes, 14 de diciembre de 2012

Una inspiración de Dios derrumba todos los talentos

En Sueño Profético decían:

Si quieres ser un poco bueno, tienes que pensar en la muerte y traerte a la memoria a todos los que ahí vivieron que contaban con títulos, con cargo y con dinero.

Otros, con algo que hacían, que otros hombres los subieron, dándole gran importancia a aquello que iba en contra de Dios, como son esas pinturas que conservan los museos.

Otros tienen gran estatua porque su doctrina era negar la Existencia de Dios.

Al inventor de armamentos de guerra lo consideran talento los que son rudos para Dios.

Piensa en éstos que murieron y de nada les sirvieron sus inventos, sus títulos y su dinero. Sus cargos no le impidieron a la muerte que los dejara más tiempo.

Si esto lo pensara el hombre un segundo cada día: traerse a la memoria los vivos que ya están muertos, que cuando estaban vivos creían asustar a la muerte con sus talentos, sus cargos y su dinero... Ellos se creían precisos y adoraban su talento. Se miraban desde lejos para ponerse más precio.

Dijo uno:

Estos hombres, mayoría tienen olvidado el Cielo. Al revés que los pastores, que lo tienen como techo. Y a veces hasta se agachan para no ensuciarlo con su pelo.

Esto se lo oí yo a un pastor que se irritó con un cordero, que le tuvo malos modos y el cordero estaba muerto.

Este pastor me hizo llorar de ver cómo le pedía Perdón a Dios y al cordero. Se puso en aquel sembrado, de siembra que manda el Cielo, de rodillas. Y cuando se puso en pie, entonces miró al Cielo y a mí me dijo:

“He visto al Cielo bajarse, y me he puesto de rodillas porque me creo ensuciarle. Siempre que algo no hago bien, veo al Cielo bajarse, y me pongo de rodillas. Esto me enseñó mi madre: “Cuando hagas algo mal, verás al Cielo bajarse. Tú te pones de rodillas, y el Perdón viene a buscarte”.

Desperté, oí:

Esta Enseñanza era grande,
y no venía de títulos
ni de talentos de las universidades.

Los padres de este pastor
tenían sencilla enseñanza,
pero era la más grande:

Olvido a lo de la Tierra,
adoración a lo que nunca se acaba.

Él no mimó a la cordera
por dudar que estuviera mala.

Pero tampoco gritó
con ira ni mala cara.

Se la llevó en sus brazos,
y la piel, que era chica,
la puso de almohada.

Piensa un poquito en la muerte,
y verás que lo que ahí valora el hombre,
Aquí no sirve para nada.

Por eso es necesario
pensarla para enseñanza,
si quieres hacerte bueno.

Los corderos Dios los pone
como símbolo
de lo noble y de lo bueno.

Y el que cuida el rebaño
tiene inspiración del Cielo.

Una inspiración de Dios
derrumba todos los talentos.


***

Libro 19 - Dios Manda en Su Gloria Que Enseñen - Tomo II - Pag. 31-32-33-34