martes, 5 de marzo de 2013

Descripción de Gloria

En Sueño Profético se oía como cante de niños, pero todos a una misma voz. Luego vi mucha gente de espaldas, pero como si algo los cubriera de cintura hasta el final del cuerpo. Este cubrir era a todos lo mismo. Eran como bustos con movimiento.

Terminada esta Visión –que si no la explican tú no podrías comprenderla–, dijo uno:

Se han oído a los ángeles, que su respirar es cántico al Padre Eterno; y se han visto a los vivos que ahí dieron por muertos, pero Aquí siguen vivos al Mando del Padre Eterno. Éstos, Aquí no necesitan cuerpo, como tampoco lo necesita el sonido cuando estás oyendo de lejos; el sonido se presenta, y se presenta sin cuerpo.

Esta Visión se ha formado para que el espíritu Aquí traído pueda hablar y dejar escrito todo, para que comparen con alegría los que aman, cómo es esta Gloria cuando con verdad se ha visto; para que hagan comparaciones a los incrédulos, a los listos que dicen que creen pero su pregunta es: ¿A Dios Padre quién lo ha visto?

Desperté, oí:

A Dios Padre Lo ve
el que Dios Padre quiere,
como Poder y Mando único.

Lo que no Le verán es Cuerpo,
porque es Dios Padre y es Espíritu.

Como tampoco a los ángeles les verán cuerpo,
porque nunca cuerpo tuvieron.

Tuvieron cabeza y alas,
fortaleza como el cuerpo.

A éstos nunca los verán con cuerpo.

Si algunos se vieran con cuerpo,
son niños que ahí vivieron
y hoy están en la Gloria,
porque el niño no tiene Infierno.

Todos los espíritus que ahí vivieron
y hoy Aquí viven,
cuando Dios hace Visión,
les pone cuerpo,
el mismo que ahí tuvieron,
para poder conocerlos.

Como también se lo pone
el mismo Dios Hijo,
aunque Éste Aquí vive con Cuerpo.

Pero es el mismo Padre,
aunque nunca tuvo Cuerpo.

Por eso, las Visiones,
las hace Dios Hijo,
para que las explicaciones
lleguen comprendidas a la materia.

Esta descripción de Gloria
no hay libro que la dé de Ella.

Hoy son éstos los únicos,
con comprobación para el que quiera.

Sería desmentirlos,
si esto así no fuera.


***

Libro 17 - Investigaciones a La Verdad - Tomo II - Pág. 3-4-5