martes, 12 de marzo de 2013

El hombre respeta a los muertos por miedo, pero no por Amor

En Sueño Profético hablaban de los muertos. Decían:

El hombre respeta a los muertos por miedo, pero no por Amor. Son pocos los que siguen su recuerdo y disfrutan de hacer vida que saben que a ellos les gustaba. El hombre hace la vida en contra del que soltó la materia. El hombre hace la vida como dándolo por muerto, como animal que ya muere, que éste sí queda ya muerto.

Otro dijo:

El hombre que muere con Dios, éste nunca está muerto; éste sigue la Vida que Dios tiene prometida, Vida Eterna. Éste espíritu está viviendo Aquí, en esta Gloria; este espíritu no es muerto como el hombre lo nombra.

El hombre dice muerto, convencido de que no hay Gloria. Si el hombre supiera fijo que si él quiere vive vida Eterna, no hablaría con tanto desprecio de los muertos, hablaría con alegría, hablaría con confianza de sentir su vida unida a Dios, y ya vivía su Presencia; Ya no cambiaba su vida por estar convencido de que vivía.

El hombre, si esto lo pensara, diría: “Yo hago vida para seguir viviendo. Si no hago Vida de Dios, me contarán con los muertos, porque la carne que muere sin cumplir la Ley de Dios, ésta fijo que para Dios muere”.

El hombre que ama a Dios, éste sabe que su espíritu no muere; por eso Aquí, en la Gloria, esa palabra no se oye.

Despierta, oí:

Bien claro queda Aquí escrito,
para que todos comprendan,
que si ahí vives con Dios,
luego pasas a vivir la Vida Eterna.

Que lo muerto está bien dicho
para el papeleo de Tierra.

Pero si amas a aquel
que ahí dejo la materia,
vive unido a él,
que Aquí vive ya la Eterna.

Si amas a Dios del Cielo,
ten los muertos en Amor,
y no los tengas con miedo.

Sigue sus mismas costumbres,
si aún sigues queriendo.

Porque si amas a Dios,
todo es del mismo Dueño.

Acuérdate de lo muerto,
por Amor y no por miedo,
porque lo muerto quedó,
como traje usado en un trastero.

El que ame a Dios ahí,
Aquí nunca lo verán muerto.


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Libro 1 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo I - Pág. 248-249-250