sábado, 2 de marzo de 2013

Les faltaba lo que no podían encontrar

En Sueño Profético decían:

¡Qué verdad con más verdad es el que diga que nada se puede comparar con el Amor de Dios!

Estas palabras se las oí yo a uno que vivió cuando Jesús, el Salvador de los hombres. Este hombre tenía salud y dinero, pero vivía con cara triste y ánimo pesado. Él era amigo de un tío mío. Unos 20 años contaba más que yo.

Su mujer era “compañera puesta por Dios”. Estas palabras fueron puestas por mi madre, y todos la conocían por sus buenas obras de caridad que hacía. Tenían una vaquería, que si no te parabas, no podías contar las vacas por la cantidad de lomos con piel blanca y negra. Pues poco dinero cogían del ordeño. Los chiquillos con sus jarros formaban fila. Este matrimonio decía, que desde que al Maestro no Lo veían de lejos y a diario, no sabían de Él, que no vivían llenos, que algo faltaba en su vida, algo sin poder sustituir nadie. El camino que pasaba el Maestro muchos días era cerca de su finca. Veces de correr para verlo; veces de Él llegar a descansar para que ellos Lo vieran; y alguno de los que siempre iban con Él les contaba el caminar y Enseñanza. Pues al faltarles esto, decían que no estaban llenos, que les faltaba lo que no podían encontrar.

Desperté, oí:

Este hombre y mujer santa no le llamaban vivir a cuando el Maestro les falta.

Aunque salud y dinero tenían para repartir.

Siempre que alguien nombraba a los Discípulos, con pena ellos decían estas palabras:

¡Qué Verdad con más Verdad es el que diga que nada se puede comparar con el Amor de Dios!

A mí me hizo sentir Amor, tan sólo con sus palabras.

Y Amor vivía yo.

No hay quien compare vivir, porque tenga grandes caudales, con el contacto de Aquí.


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Libro 11 - Te Habla el Profeta - Tomo II - Pág. 17-18