sábado, 9 de marzo de 2013

Seguro que reinaba la Paz y escaseaba el hambriento

En Sueño Profético hablaban del comportamiento que el hombre tiene, tan malo, con Dios.

Repetían mucho:

¡Hombres sin amar a Dios
o sin miedo al Poder Divino!

¡Hombres que le están pidiendo a Dios
que mande diluvio o fuego!

¡Hombres que emplean estudios
para acabar con el mundo,
sin pensar en este Dueño,
que fue el que el mundo hizo!

El hombre debía de hacer stop
y pensar en los dos mundos,
y ya, con este pensar,
odiaba esos estudios
que sirven para matar
lo mismo a hombres que a niños.

¡El hombre Le pide a Dios
que mande diluvio o fuego!

Dijo un espíritu de Dios con su Mando:

Si el hombre pensara en la maquinaria de su cuerpo, que en el momento más preciso se puede quedar muerto, no podía inventar nada que arrebatara la vida, que tan sólo es Dios el que manda.

Si el hombre pensara en que después de su invento esta Vida lo aguarda, y que aquí no hay razones para decir: “Señor, yo inventé destruir a personas y mundo, a todo lo creado que Tú al hombre diste, porque el hombre era malo”.

Si el hombre cree que esto, en sus últimas, le va a servir, que empiece reformando para no destruir. Y el hombre, que viva hasta que muerte llegue de Aquí.

Desperté, oí:

Estos hombres de talento,
debían de utilizar
el talento para el espíritu.

Seguro que reinaba la Paz
y escaseaba el hambriento.

Seguro que el odio
habría quien moriría
sin conocerlo.

Y a Dios, siempre Lo llevaría
el hombre de compañero.

Con un día de alimento
que necesita la guerra,
se remediaban muchas vidas
que mueren en la miseria.

Si el hombre hiciera parada
en lo que le llama invento,
sí se podía decir
que el hombre creía en el Cielo.

Pero en la forma que actúa,
ni cree, ni tiene miedo.

Estas Palabras no están dichas
por ningún hombre con cuerpo.

Están dictadas en Gloria,
donde no entran los cuerpos.


***

Libro 20 - La Palabra del Creador - Tomo II - Pág. 101-102-103