lunes, 1 de abril de 2013

Pídele a Dios que siempre sepas aceptar el sufrimiento que llegue

En Sueño Profético decían:

Hay sufrimientos tan grandes, que tienes que hacerlos chicos. Y así vas desatando aquello que hacías mayor con tu sufrir y tu llanto.

Que esto, casi siempre te enfrenta con Dios, pidiendo cuentas y queriendo enmendar los Caminos de Dios.

El sufrimiento recibido, pidiéndole a Dios ayuda, ayuda mandan del Cielo para pasar ese camino, que tiene que seguir a la vida mientras que esté vivo el cuerpo.

Dijo un espíritu de su Gloria:

El medicamento para el grande sufrimiento es llamar a Dios, de palabras o de acción.

Que ¿cómo es esta llamada?: mirando al Cielo y guardando la calma, no dejando que la Paz se vaya. Porque Paz con alboroto, la Paz allí no se queda. La Paz se queda contigo, por mucho sufrir que tengas, si tú dices:

Señor, ¿cómo llevo este sufrir?

Que yo no ofenda ni callando, cuando oiga: “Dios, ¿por qué lo has permitido?”. Que yo aquí dé la respuesta: “¿Tú has visto a una madre buena negar la comida al niño?”. Quien esto lo censurara, ni a Dios quería, ni sabía valorar la palabra hijo.

Desperté, oí:

Si la madre no niega la comida,
¿cómo Dios se va a negar
a no dar respuesta a tu petición?

Lo que pasa
es que tú no lo entenderías,
y lo que al niño no le pasa,
a ti te pasaría.

El niño, con su llanto,
más lo acunas.
Y él, al final,
duerme en tus brazos.

El que ya dejó de ser niño,
cuando llegan contrariedades,
estas palabras le oyes:

“Dios, ¿por qué lo has permitido?”.

Y te retiras de Él,
cogiendo otros caminos.

Y agrandas el sufrimiento.

Pídele a Dios,
en el día y en la noche,
que siempre sepas aceptar
el sufrimiento que llegue.

Que hay sufrimientos que llegan
para ver cómo respondes.

El pensamiento cogido
como niño acunando,
piensa que ya llega el día
que se marcha de tus brazos.


***

Libro 18 - Dios No Quiere, Permite - Tomo III - Pág. 173-174-175