viernes, 26 de julio de 2013

Todos los que Dios eligió, fueron perseguidos por el hombre

En Sueño Profético decían:

Todos los que Dios eligió, fueron perseguidos por el hombre. El hombre no obedece a Dios, pero sí al hombre. El hombre siempre persiguió al que Dios le habló, y el hombre sigue la obediencia al hombre, de desmentir al que diga: “Dios me habla”.

Si el hombre pensara quién es Dios, el hombre vería normal que Dios se comunicara para enseñar, mandando espíritus de Aquí para que ahí sean recibidos por espíritus que aún están con materia.

El hombre habla de Dios con frecuencia, pero el hombre no tiene seguridad en que Dios viva.

El hombre, cuando alguien dice “yo he visto a Dios”, esto, de risa le sirve al hombre. El que esta reacción tenga, no puede creer que Dios tenga Vida. Si Dios tiene Vida y su Poder es infinito, ¡qué cosa más natural, que tú Lo llames y Él te conteste, o que tú Lo adores y Él te busque!

Todos los que Dios eligió, fueron que adoraron mucho o que mucho Lo llamaron. El que adoró, ya Lo llamaba en silencio. Y el que Lo llamaba, tanto lo adoraba, que rompió el silencio.

Desperté, oí:

Mayoría creen en Dios cuando ahí se dejan la materia, pero antes de dejarla, cuando ya ven que la materia se muere.

Creen por temor; creen, que creyendo, ya Dios se olvida de todo el mal que Le hicieron.

Dios se olvida cuando tú has pecado y en tu arrepentimiento tú Lo llamas, Lo llamas y ya Lo amas.

El que mucho ama a Dios, recibe con alegría todo lo que de Él le digan.

El que cree y no Lo ama, quisiera que de Él no le hablaran.

El que a Dios no quiere y el que a Dios no ama, busca de amigo al que a Dios no cree.

El que mucho ama,, le extraña que otro no ame.

El que mucho ame, no puede ser amigo del que no ame.

El que ama, sufre por el que a Dios desprecia.

No sufre por él, sufre por Dios.

Dios sufre cuando el hombre no Lo ama; sufre por el hombre, no por Él.

Si el hombre no ama a Dios, Dios continúa en su Gloria, pero el hombre no entra en Ella.


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Libro 9 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo I - Pág. 193-194-195