viernes, 12 de julio de 2013

Una siembra para el tiempo

En Sueño Profético hablaban de muchas cosas distintas una de otras. Comparaban carne y espíritu: sacrificio para la carne y abandono a las cosas del espíritu. Prontitud a la carne y demora al espíritu. Decían:

¿Quién ha visto u oído a uno que se esté ahogando, y otro lo esté viendo y le diga: “¡Aguanta, mañana vengo!”?

¿Y a uno veas desangrándose, y también le digas: “¡Ya vengo!, todavía te queda sangre dentro del cuerpo. Yo me voy a una fiesta. ¡Ya vendré un día de éstos!”?

¿Y al que se pegó una caída y lo viste en el suelo? Tampoco dijo el que lo vio: “Llevo prisa. Como ya estás en el suelo y no te puedes caer aunque te diera mareo, ¡cuenta que vengo mañana! ¡Yo creo que mañana puedo!”.

Ahora, un niño que ves llorando y enrojecido se ha puesto, porque algo se ha tragado. Tú saliendo por las puertas, porque te están esperando, y si no acudes te vendrían grandes pérdidas. ¿Qué crees tú que harías? Aquí dejamos en blanco, para que tú, al pensar, letrero te vayas dando.

Ahora di que te van a dar un gran dinero, o una joya, o abrir un testamento que el heredero eres tú, ¿también lo dejas para cuando tengas tiempo? Todo esto es para la vanidad de la exigente materia.

Y ya, si haces un trabajo y tienes un cargo que vitorean lo que has hecho, aquí haces del día y la noche una siembra para el tiempo; y tienes tiempo de sobra, y te ofrecerán dinero; y dejas al espíritu como queda el pordiosero, que nunca te alcanzará ni el tiempo ni el dinero, y tendrás al espíritu en un puro sufrimiento.

Desperté, oí:

¿Quién amaría de verdad,
y tendría esto en quietud
25 años ya?

Cuando un año era mucho
para estar a escala mundial.

Ponían en Gloria razones
que daban miedo
al poder que el hombre tiene.

Esta que dictan,
repetían varias veces:

¡Hombres vacíos de Dios,
que buscan el resplandor
de la Tierra!

¡Hombres que guardan a Dios
aquello que Dios les deja
por un tiempo que es bien corto,
aunque él largo se crea!

¡Hombres con gran inquietud
a las cosas pasajeras!

Sin pensar:
“Yo, cuando muera,
me tengo que presentar
al que hoy a mí me deja
con toda la Libertad”.

Y me presento sin joyas,
sin dinero y sin poder decir:
“Señor, Tú fuiste en mí lo primero”.

Aunque nadie lo sabía,
Tú vivías mis secretos.


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Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - Pág. 107-108-109-110