domingo, 8 de septiembre de 2013

Acuna la Gracia de Dios

En Sueño Profético hablaban de la Gloria de Dios, de sus Dones, de las contradicciones que el hombre le veía; y a más quería poner a su manera, más descomponía.

Siguió uno explicando de la Gloria de Dios, que en unos va aumentando y en otros llega de paso:

La Gloria de Dios
es niño acunado,
que según se encuentre,
lo tendrás callado.

La Gloria de Dios
no puedes decirle:
¿por qué esto ha pasado?

Tienes que acunar
como niño en brazos,
como algo grande
que Dios te ha mandado.

Tienes que aceptar,
sin culpar a Dios
todo lo torcido
que te haya llegado.

Tienes que pensar
en todo el que sufre
de Dios retirado.

Tienes que vivir
para ir llevando
la Verdad de Dios,
sin ir comparando:

“Éste tiene más,
y gracias no ha dado”.

“Éste tiene menos sufrir”,
y su sufrir sea envidiado.

La Gracia de Dios
tienes que dejar
todo en vía muerta.

Piensa, que son las razones
de un mundo que no existe materia,
que sólo es Libertad,
sin peso y sin barreras,
sin puertas que tú le puedas cerrar.

Que al mal se las cierras
presentando Caridad,
guardándote la moneda
que mala te dieron ya.

Desperté, oí:

La Gracia de Dios,
Dios la da,
y a todos la ofrece.

Pero tienes que aceptar
lo imposible que ve el hombre:

Sufrir, sin pensar sufrir.
Llorar, sin ojos mojar.
Y buscar al que te hizo el mal,
si lo pudieras salvar.

La Gracia de Dios,
hay quien la aumenta
antes de que Dios
la Gracia le diera.

La aumenta,
sufriendo en silencio,
sin pedirle cuentas:

“¿Por qué sufro yo,
que vivo la vida
cumpliendo tus Reglas?”.

Éstos son los que la Gracia,
a más altura les llega.

¡Acuna la Gracia de Dios,
siempre feliz y contenta!

¡Porque la Gracia de Dios
no te admite las protestas!


***

Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - Pág. 91-92-93