martes, 17 de septiembre de 2013

Esta familia vivía enamorada del oficio

En Sueño Profético decían:

Cualquier oficio o profesión que tengas, si estás enamorado de él, lo cuidas y lo labras, para que sus surcos siempre resulten bien hechos.

Apareció un hombre sentando en el suelo trabajando unas canastas. También hacía cestos y todo el trabajo que abarcara mimbre, junco o caña. Tenía parte del material metido en agua, y su mujer y sus hijos se encargaban de seleccionar los montones. Un día pasé yo por donde esta familia el trabajo hacía –que lo hacía en la puerta de su casa, por dar al campo esta vivienda–, y el hijo sacaba del agua un manojo de esparto, y lo sacaba muy desigual. Yo me paré cuando oí al padre decirle:

   –Si tratas mal el material con el que vas a hacer el cesto, no te gusta hacer cestos. Es mejor que cambies de oficio. Porque si no tienes amor a lo que estás haciendo y paciencia para hacer el trenzado del encargo que te han hecho, más de una vez tirarás con ira del cosido, y acabarás apartándote de Dios. En cambio, si con amor manejas la caña, el junco y el esparto, Dios se encargará de que no te falte trabajo, y siempre oirás: ¡Qué bien hecho está el trabajo! ¡Qué bien medido está el cuadro! ¡Cómo lleva su escalera el dibujo, floreando! ¡Se ve que está enamorado el mismo que hizo el cesto! ¡Cuadro con cuadro va dando...!

Y ya, como remate de riña, que más parecía jugando, otra vez dijo:

   –Mira, Dios quiere que ames tu profesión, para que el que luego te compre, nunca se vaya engañado. Piensa, que todo el material, es Dios el que lo ha criado.

Desperté, oí:

¡Qué lección de Amor a Dios
demuestra este espartero!,
que con grande Amor trabaja
la caña, mimbre y esparto.

Cierto, que si falta Amor,
no haces bien el trabajo.

Engañas y cobras más,
y a Dios nunca irás nombrando.

No enseñarás honradez,
porque tú no eres honrado.

Tú tendrás tu profesión,
por vivir e ir engañando.

Esto no es hombre de Dios.

El hombre que ama a Dios,
cumple primero en la Tierra,
dándole a todo, Amor.

Esta familia vivía
enamorada del oficio
que de familia venía.

Daban Amor a las piedras
que apartaban por la orilla
del camino que cruzaban
de su casa a la ermita.

Que también tenían herencia:
limpiar y luz encendida.

El padre todo heredaba,
todo lo que a Dios lucía.


***

Libro 14 - Dios Manda en Su Gloria, que Enseñen - Tomo II