martes, 24 de septiembre de 2013

La mentira no puede seguir a la verdad

En Sueño Profético decían:

No hay quien esté fingiendo una mentira una docena de años. La mentira se descubre por el mucho trabajo que cuesta el presentarla como verdad. La mentira no tiene memoria. La mentira no tiene elegancia. La mentira es escoria. La mentira es cambio que el hombre se hace. Todos los falsos Profetas Dios no los dejó que engañaran a los que eran suyos.

Dijo uno:

La mentira no puede seguir a la verdad. La verdad es airosa, es incansable. A la verdad le teme el mentiroso. A la verdad le teme el que está mintiendo.

Aquí cuento yo un caso de uno que me contó, que oyó en una venta –mientras ataba la bestia a la argolla–, una conversación que el Maestro tenía con dos hombres, y que tanto le llegó la curiosidad por las Palabras del Maestro tan bien dichas, que se quedó parado.

Dándose cuenta el Maestro de su curiosidad con deseos de oírlo, dice que le dijo el Maestro:

“Tú me sirves a Mí como Yo Le sirvo a mi Padre. Acércate que oigas mis Palabras, porque sé que no las transformarás con la mentira: estos dos estaban discutiendo. Uno decía verdad, y otro, mentira. El que decía verdad, vino hacia Mí. Y el que mentía, huyó al verme. Los dos decían que mi Padre los llevaba a mi Reino, pero el que va, es el que no he tenido que llamar, el que ha venido hacia Mí, el que Me conocía porque conocía a mi Padre”.

Desperté, oí:

Estos dos tenían grandes polémicas, y al ventero tenían siempre mediando.

No podían ser dos verdades ni dos mentiras.

Uno era más seguro y a más gente juntaba.

Cuando vieron al Maestro, se le contentó la cara al que verdad les decía.

El que engañando vivía, quiso huir sólo al verlo.

El Maestro los paró, y todos ya comprendieron donde la verdad vivía.

Cuando llegó el que mentía, porque Dios lo hizo volver, todos vieron cobardía.

La verdad se dejó ver porque verdad él vivía.

Siempre que digas verdad, le puedes a la mentira.

Porque Dios se encargará de que la gente lo diga.


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Libro 10 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo I - Pag. 34-35-36