viernes, 25 de octubre de 2013

Ciego en lo Divino

En Sueño Profético decían:

A más obediencia al Profeta, más Amor a Dios.

Hay quien elige al Profeta para que sea su censura. Esto agrada a Dios.

Dios manda al Profeta para que hable a los hombres. El hombre, oyendo la Palabra dicha por el Profeta, si es malo, deja de serlo; y si ha sido malo, éste llora.

No hay quien oiga la Palabra directa de Dios y quede indiferente.

El que no cree en Dios y da con el Profeta, pronto dice: “Yo no creía en Dios”.

Peca más el que dice “soy cristiano”, y por sus obras censuran a Cristo. Por eso, la envoltura del que Dios le habla, son sus obras.

Desperté, oí:

El hombre ciego en lo Divino, no ve Esto.

Al que Dios le habla, se conoce por su temple.

Este temple, en el Profeta, es fácil; y su copia, muy difícil.

Antes de ser bueno tienes que amar a Dios.

Si dicen que eres bueno y no amas a Dios, ¿de qué te sirve este “bueno”, si estás en contra de Dios?

Si Dios quiere que seas bueno, no es por su Gloria, sino por ti.

El que ama a Dios no se cansa, ni jamás se nota satisfecho, ni un arrepentimiento habrá.

Si a Dios lo tuve a distancia,
y con llantos me acerqué,
hoy ya estoy en la Gloria,
y sólo al servicio de Él.

Hay quien dice que ama a Dios, sin creer en Dios.

El que no quiere cuentas con Dios, sabe que hay Dios.

El amar a Dios lo hay de muchas maneras, según el hombre.

Según Dios, nada más que una: amándolo y amándolo, pero sin medida.

El hombre quiere vivir sin Dios, pero sabe que tiene que llamar a Dios.

Esta llamada, a veces, es tarde.

No es tarde, cuando no se piensa llamarlo.

AGUSTÍN DE MÓNICA


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Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I