jueves, 3 de octubre de 2013

Entre las cabras y los corderos

En Sueño Profético vi el campo, y al pasar por un camino había una casa con aspecto más para vivienda de animales que de personas. Eran tapias bajas y largas –corralón grande–, y chica la casa. Pero en la casa cabían todos los que llegaran preguntando:

“Queremos que nos digan algo de Jesús de Galilea. Pues nos han dicho que aquí Lo vieron sentado, y que con su Brazo izquierdo tenía a un chiquillo abrazado, y mientras, con el derecho, llamaba a los que atrás se quedaron. ¿Es cierto esto que han dicho?”.

Ya se oyó a una mujer estas palabras:

“Estando yo un día amasando para mis hijos y mi marido y algún pastor con zagales que estaban guardando el ganado, que casi siempre yo les sacaba el pan, para que se fueran cenados, con algo dentro. Y como el corralón era grande, había días malos que mi marido les hacía que se fueran con sus mujeres y dejaran el ganado. Si llevaban algún chiquillo, otro más no se notaba y se quedaban con los míos. Mi marido les hablaba del Maestro y los ponía tranquilos. Yo le decía: “¿qué le has hecho a los chiquillos?”, de lo quietos que quedaban. Él contestaba con risa y a los chiquillos abrazaba: “que quiero que siempre tengan las Palabras del Maestro en los oídos y la lengua, para cundir su Presencia”.

Desperté, oí:

Esta familia, su casa,
era para el pastor
que le pillaba la noche
y lejos tenía su casa.

Las ovejas y las cabras
había sitio para dejarlas,
como igual que los chiquillos,
que con los suyos quedaban.

Ya se iban ellos solos,
y solos se presentaban
al amanecer el día.

El Maestro, después de esto,
pasa y se sienta en las sillas
que Caridad daban, y descanso
al que al Maestro quería.

Al Maestro lo vio
esta mujer llegar un día,
mientras amasaba el pan,
con un tropel de chiquillos.

Sus hijos iban primero,
señalándole la casa.

Con el Brazo izquierdo
abrazaba a uno,
y con el derecho llamaba
a los que atrás se quedaban.

Esto se cundió
en “los cerca” y en “los lejos”,
y acudían a caravanas.

Dios Hijo quiso que se enteraran
donde sus Palabras practicaran.

Entre las cabras y los corderos,
la Palabra del Maestro siempre estaba.

Eran humildes de aspecto,
y grande riqueza guardaban:

Cumplir con Amor
lo que enseñaba el Maestro.

Caridad en el Prójimo,
seguir a Él
y buscar lo Eterno.


***

Libro 15 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo III - Pág. 211-212-213