martes, 19 de noviembre de 2013

El creer, algo te inquieta

En Sueño Profético hablaban de Dios Hombre. Decían:

Si Dios cuando se hace Hombre, el hombre ama lo de Dios en su Gloria, el hombre adora sus Pisadas en la Tierra, cuando bajó a vivir con él y a enseñarlo.

Si el hombre creyera en la inmortalidad del espíritu, el hombre no hacía pecados de cierta gravedad, para retirar de Dios al que se creyera que había pecado.

Si el hombre estuviera fijo del Poder de Dios, su vivir era asustado, y no pondría a Dios delante, queriendo darle parte del pecado.

Dijo uno:

Si el hombre creyera en sus últimas Palabras –en las que les dijo a sus Discípulos–, el que se las viera cumplirlas, ya era hermano suyo y Discípulo de Dios Vivo. Pero el hombre no las cumple, y el que lo ves cumplirlas, es un cumplido frío, sin Amor de Fuego Divino, que no lleva a donde Dios hace su Enseñanza pública en la Tierra, como esta Enseñanza:

¿Quién podría amar a Dios Padre y pasar por un sitio donde estuviera el Maestro –que era el mismo Dios, que lo comprobabas por sus hechos–, y seguir el camino sin llegar a conocerlo?

Pues así sigue el que se dice cristiano.

Desperté, oí:

El creer, algo te inquieta.

El Amor, ya no te deja,
para oír de Dios hablar.

Y el no querer que Dios viva
y que a la Tierra no se comunique,
lo demuestra tu actuar.

Aunque llegues a la mesa,
no recibes el manjar
que Dios de consuelo deja
para el que se quiere salvar.

Si todos a Dios desprecian
en lo que del Cielo manda,
¡que no se digan cristianos!

El que cree
y quiere saber de Dios,
busca donde Él manda sus Palabras.

Y el que el Amor lo siente,
no pasa indiferente
por el que sabe que es Dios
el que lo manda que enseñe.

El hombre querría a Dios,
sin el Dios,
tan sólo de Hombre.


***


Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - Pag. 6-7