domingo, 24 de noviembre de 2013

Hombres de una siembra

Me acosté a las cinco de la madrugada porque estuve con una enferma grave y ella no quería que me fuera de su lado. Decía que, estando yo con ella, no le daría miedo de la muerte, a la que esperaba por tener un cáncer que le tenía el cuerpo deformado.

Antes de dormirme :

¡Este Dios de esta Gloria y esos hombres de la Tierra...!

Quedé dormida y en Sueño Profético decían:

Cuánto eleva el hombre el traje
que el espíritu tiene ahí.
Pues teniendo pedrería,
el traje no viene Aquí.

Yo vi morir a un avaro,
al que siempre recordé
cómo escondía el dinero
“pa” que muriera con él,
“pa” que a nadie le sirviera
lo que no servía a él.

Éste nunca tuvo Amor,
ni sabía el que no comía,
ni buscó nunca el dolor.
Engañaba al más humilde,
sin pensar que estaba Dios,
olvidando estas Palabras:
“En el Prójimo estoy Yo”.

Por eso las almas limpias
son las que viven ahí,
no queriendo hacer pecado,
pensando venir Aquí,
y mandándole al Prójimo
lo que a Él pueda servir,
y a veces dando en el Prójimo
lo que te hace falta a ti.

Desperté, oí:

¡Este Dios que ama al hombre
y no quiere que se pierda
el que ya permitió ahí,
y Lo espera Aquí en su Gloria!

¡Este Dios de esta Gloria
y esos hombres de la Tierra,
que no aman porque olvidan
que son hombres de una siembra!

De una siembra que se acaba,
cuando acaba la cosecha.

Y este grano ya no sirve
ni “pa” venta ni “pa” siembra.

Este grano se ha perdido,
enterrado y sin protesta,
porque el grano de trigo,
protesta cuando lo siembran.

La materia ahí del hombre,
dura poco y sin protesta.

Ama y ven Aquí a esta Gloria
y Aquí ya tienes cosecha.


***

Libro 1 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo I - Pág. capitulo 5