jueves, 7 de noviembre de 2013

No hay quien transmita la Paz como el que tiene el Arrobo

En Sueño Profético hablaban de la Paz.

Dijo uno:

No hay quien transmita la Paz como el que tiene el Arrobo.

El espíritu que Aquí viene y ahí vive, donde tenga contacto, cambia a los espíritus, si estos espíritus han sido espíritus de Dios pero han vivido una vida tibia a la Palabra de Dios. Este espíritu arrobado transmite una Paz con inquietud Divina, una Paz emprendedora que te hace ir publicando el Evangelio. Como Evangelio es Palabra de Dios, este que oye al que arroban, no puede callar estas Palabras que son oídas y dichas a este que cuenta el Arrobo, porque su espíritu fue “arrobao” para una Enseñanza directa. Esta Enseñanza nunca se puede dar por terminada, una vez que es Dios el Profesor y el que la Enseñanza manda, el que separa materia sin vida, el que al espíritu le hace volver a la materia. Este espíritu, sus Palabras que de Aquí lleva, ¿cómo no van a ser Evangelio?, sin son Palabras dichas de Dios al espíritu sin materia. Este espíritu, contándote el Arrobo, tu casa de Paz te la llena.

A Dios, cuando Lo veían de Hombre –porque Dios Hombre se hizo para enseñar con materia–, estas Palabras fueron siempre las primeras: “Mi Paz os doy. Mi Paz os dejo”.

Desperté, oí:

La Paz es
el enemigo mayor de la guerra.

Estas Palabras Dios dijo:
“He venido a dar Paz
y he formado la guerra”.


Que la guerra siempre la forma
aquel que menos a Dios quiera.

Las Palabras de Dios Padre,
nunca el hombre las acepta.

Que lean todos los Escritos
de cuando Dios anduvo en Tierra,
y es “pa” morirte de pena
o morirte de vergüenza.

No sacas una Palabra
que Dios dijera en la Tierra,
que no fuera “pa” salvar
a aquel que pedía sentencia.

Pues Dios sigue con sus Palabras,
dichas en otra materia,
y el hombre sigue formándo
a las Palabras la guerra.

La materia que ahí vive
y al espíritu Aquí lo enseñan,
éste te dará la Paz,
pero no le formes guerra,
que Dios te contestará.

La contestación de Dios
puede ser sin contestar,
porque Dios cuando contesta,
contesta sin consultar.


***


Libro 9 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo I - Pág. 30-31-32