martes, 4 de marzo de 2014

El Amor a Dios te hace la Intimidad con Dios

En Sueño Profético decían:

El Amor a Dios te hace la Intimidad con Dios. Cuando tú sabes que amas, pides y sabes que recibes.

Dijo una mujer:

Si todos amaran sabiendo que más no podían amar, pedían seguros de recibir.

Cuando tú todo lo haces por Amor a Dios, ya te entra la Intimidad con Dios, ya hace Dios que tú pidas dando gracias, ya tú dirás: “Señor, cuántas fuerzas me das; Señor, yo sé fijo que me voy a tu Gloria; Yo sé fijo que Tú estás presente para librarme de la maldad del que no Te ama; Yo sé, Señor, que Tú lo sabes todo: sé que perdonas, y sé que premias, premias llevando a tu Gloria espíritus que aún tienen materia; Yo sé, Señor, que Tú eres Padre, y tu Amor no tiene diferencia para tus hijos; son tus hijos los que viven sin tu Amor; es el hombre el que no quiere que Tú lo ames, porque prefiere pecado, porque rechaza tu Amistad”.

Dijo la misma mujer:

Yo siempre creí que amando mucho a Dios, lo que Dios me mandara era lo mejor. Cuando alguien oía mis ruegos, decía que yo no pedía pidiendo. Esto era muy mío: “Señor, que nada que me ocurra me quite la alegría del espíritu, que yo sienta tu Presencia cuando crea que estoy sola, que sienta tu Mando, Señor, que Mando tuyo no es mando, es confianza de Amor de tu mismo Amor mandando”. Éste era mi pedir y ahora quiero enseñarlo.

Desperté, oí:

Leyendo este Escrito
que de la Gloria dictamos,
aprendes primero a amar,
y ya te viene Intimidad.

Es gran descanso pensar
como esta mujer pensaba.

Es tener Intimidad
que Dios al Amor mandaba.

Ella hacía la oración
y aceptación le mandaba.

Aceptación sin enfado,
porque pensaba:
“Si es Padre,
no puede mandar lo malo”.

Porque pensaba:
¡Si es Dios, que vino para salvarnos!
¡Si Él dejó que Lo mataran
y pudo el mundo acabarlo!
No puede mandarle mal
al hombre que quiera amarlo

Dios quiere que tú Lo llames
en tu contento y tu llanto,
pero que sea un llamar
oyendo que está premiando.

Cuando ya ames a Dios,
ya vivirás confiado.

Por quitar Dios el sufrir,
que sufrir tú has nombrado.


***

Libro 9 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo I - Pág. 181-182