sábado, 1 de marzo de 2014

¿No es bastante?

En Sueño Profético hablaban Tomás de Aquino y Agustín de Mónica.

Dijo Tomás:

Dios ha querido que el hombre no dude de su Existencia, y quiere que se conozca al que no Lo ama. Lo mismo que no había venido un Dios Hombre hasta que Él vino –dicho Aquí: bajó a la Tierra–, hoy no puede encontrar el hombre a un Elegido que dejara en archivos, más de veinte años de Comunicaciones dictadas Aquí en esta Gloria. ¿No es bastante para que el teólogo viera aquí, en este Lugar, actuar a Dios? ¿No es bastante leer Temas de esta gran valía, unidos al caminar del Instrumento? ¿No es bastante comparar, en esta misma persona, su inteligencia en la Tierra, y ser de primera enseñanza, con leer cualquier Escrito cogido al azar? Con esto basta la duda.

Ya dijo Agustín:

No hay otra postura que sea mirando al Cielo, y con voz o sin ella digas: “¡Perdón, Dios mío! ¡Perdón, pero mándame el castigo que Tú quieras!”. Esto, el que creyó y no amó. El que no cree en Dios, de este Dios no echa cuentas al decir que no cree. El que cree, de éste se aparta, y ya a pocos condena, tan sólo a los que en Dios no crean, que éstos son menos que los que creen y no aman.

Estos Libros tienen que estar pronto en las manos del lector. Estos Libros destaparán, abrirán puertas, y se verán cambiar los rostros. Sea pronto su publicación. Sea pronto esta nube corrida y queden en tinieblas los que a Dios no amen, apartándose del fariseo, justificando Palabras de las que mandan del Cielo.

Desperté, oí:

Es disculpa a sabiendas
que Dios habla al que Él quiera.

Es perder tiempo el decir
y comparar con cualquiera
lo que Dios haga ahí.

Desde el comienzo del mundo,
hay un tiempo hasta aquí.

Pues nunca vieron a un Dios
que viviera con el hombre
y, viendo a un Dios de Carne,
fuera el mismo Dios de Aquí.

¡Qué discutir más absurdo
el que quiso discutir
que no era el Dios del Cielo,
porque nunca hubo un Dios así!

Piensa pensando en la Gloria,
aunque no quieras venir,
y verás que Dios es Dios
por siglos, siglos sin fin.

TOMÁS DE AQUINO Y AGUSTÍN DE MÓNICA


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Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II