viernes, 7 de marzo de 2014

Piensa en la muerte, sin miedo

En Sueño Profético decían:

Piensa en la muerte sin miedo
y compadece al que la muerte quiera.

Pues la muerte deseada,
no es decir: “la que Dios quiera”.

Aceptar este querer,
ya ves todo de otra manera.

Lo grande lo pondrás chico,
y lo chico ni te acuerdas.

Esto sí es decir:
“que sea lo que Dios quiera”.

Y ya verás esa vida
como principio de Ésta.

Ésa, por mucho que cuides
y hasta pagarla quisieras,
tú no puedes detenerla.

Por eso vive mejor
el que avaricia no tenga
y se dé cuenta mejor
del poco valor que tiene
todo lo que ahí se queda.

Dijo uno:

El hombre paga mejor lo que el vendedor le diga: “esto tiene tantos siglos y tantos siglos durará”. Aquí deja su dinero. Y él de vida tendrá, a lo mejor, día y medio, y puede que al medio no llegara. Pero él se contenta diciendo: “¡qué valor tiene todo lo que tengo!”.

Que esto, el día que se muera, ni le lloran, ni le mandan oraciones al Cielo, ni lo pueden defender.

Desperté, oí:

Si el valor que le da el hombre
a lo que no sirve para la Vida Eterna,
se lo diera a los valores espirituales,
no podría tener millones colgados
y hombres muertos de hambre
y viviendo en la miseria.

Hay objeto que ha pasado
ya varias generaciones,
y ninguno ha pensado:
“¿Con esto puedo cumplir
el Mandamiento de vestir al desnudo
y dar comida al hambriento?”.

Este Arrobo empieza:
“Piensa en la muerte, sin miedo”.

Y termina con examen de conciencia.

Éste no puede decir:
“que sea lo que Dios quiera”.

Porque vive el Permitir
que Dios deja a la materia.


***

Libro 18 - Dios No Quiere, Permite - Tomo III - Pág. 117-118-119