domingo, 30 de marzo de 2014

Por amar tanto las cosas de la Tierra

En Sueño Profético decían:

Yo creo que el hombre no ama a Dios, por amar tanto las cosas de la Tierra.

Por dedicar sus afanes
a eso que en nada queda,
porque antes hicieron
la misma labor y siembra.

Porque no hay quien diga,
Otros vivieron la vida
y ni la vida los recuerda.
Ya no queda quien vivió,
ni nadie ya lo comenta.

Otros vendrán a los sitios
y tal vez ni respeten
aquello que el que se fue
le tenía delicadeza.

Yo creo que esto es la culpa
y de ahí viene la tragedia,
de querer y abrigar
las cosas de la Tierra;
de enseñar que la envoltura
la acaricies y la quieras,
y la joya que va dentro
la rompas por no entenderla.

Yo creo y es así,
que es por dar la preferencia
a lo que hoy te sonríe
y mañana llanto cuesta;

Esta Enseñanza se enfrenta
con las cosas de la Tierra,
enseñando que el nacer
viene después de la siembra,
y si enseñas al revés
querrán ver sólo la Tierra.

Yo lo digo y tú estudia
cuánto sinsabor te deja,
lo que tú creístes dueño,
que hoy vienes y ahí te dejas.

Desperté, oí:

Tienes que pensar al día
varias veces en la muerte.

Tienes que ver con frialdad
lo que tienes en la Tierra,
que otro dueño se hará.

Tienes que pensar un poco
en que hay Eternidad.

¿Por qué no le das un cambio
a tu forma de actuar?

¿Por qué no dices: ¡Dios mío!
ya se me ha venido el pensar,
que las cosas de la Tierra
sirven sólo temporal?

Ya soy hombre distinto,
todos me lo notarán,
porque le doy preferencia
a lo que siempre está igual.

Yo creo que esta Enseñanza,
tiene al hombre que cambiar.


***

Libro 2 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo II - Pág. 244-245-246